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‘La Odisea’ de Nolan muestra el paraíso neofascista de Trump

Tomás Molina

27 de julio de 2026 - 12:05 a. m.

La Odisea de Nolan muestra lo que sería el paraíso neofascista de Trump. Me explico. Uno de los pilares de la película es la “ley de Zeus”. Con esto, Nolan invoca lo que Homero llamaba xenía: el mandato de tratar a los extranjeros con hospitalidad y a los anfitriones con respeto.

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Para los griegos antiguos, la “ley de Zeus” era una marca de civilización. En un universo hostil, en el que con facilidad se podía morir o caer en la esclavitud, encontrar refugio y comida en casa de extraños era fundamental. Era un signo de que el mundo más allá de la patria preservaba vínculos de confianza, respeto, dignidad: civilización, en fin.

Pero esa xenía era frágil o inexistente en la mayoría del recorrido de Odiseo. Con el cíclope Polifemo, con la hechicera Circe y con los gigantes lestrigones, esta no funcionó. Odiseo fue allí atacado o engañado.

E incluso, como lo muestra bien la película de Nolan, en Ítaca, patria de Odiseo, la xenía se había corrompido al punto de que solo beneficiaba a los pretendientes de Penélope. Un mendigo, que de acuerdo con la xenía debía ser acogido, era más bien humillado. Y el mismo Telémaco, hijo de Penélope y Odiseo, corría el riesgo de ser asesinado por los pretendientes que su madre acogía.

El declive de la xenía implica, tanto para Homero como para Nolan, que la civilización se está extinguiendo, que el mundo ha perdido los vínculos más básicos de civilidad.

Y ese es el paraíso de los neofascistas.

En efecto, estos buscan destruir los vínculos más elementales de nuestra época, que ya no son los de la xenía griega, pero sí los de sus descendientes: los derechos humanos, las organizaciones internacionales y la solidaridad.

La idea es que sin vínculos comunes de respeto y reconocimiento, el extranjero migrante, como en La Odisea, esté cada vez más indefenso. Para el neofascista, este no es más que una alimaña, un invasor, un enemigo. Incluso si tiene green card, el deber patriota consiste en expulsarlo, humillarlo y maltratarlo. ICE no está muy lejos de los gigantes de La Odisea que matan a buena parte de los hombres del héroe griego.

Pero el neofascista no ve esto como un problema, sino como el orden natural de las cosas, porque para él la civilización es solo el derecho del más fuerte a mandar sobre el más débil, como lo ha sugerido en repetidas ocasiones Stephen Miller, un asesor cercano de Trump. Los derechos humanos, en esta lógica, son solo un invento comunista y las organizaciones internacionales una estafa.

El neofascista va incluso más allá, puesto que no solo quiere destruir nuestros vínculos y obligaciones universales con los extranjeros, sino también los que tenemos con los nacionales. Sueña con que el Estado deje de proveer servicios esenciales para que cada quien se valga por sí mismo, puesto que no cree, como Milei lo ha dejado claro, que debamos pagar por derechos ajenos.

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Como se ve aquí, el mundo de La Odisea, en el que la “ley de Zeus” está en decadencia, es muy cercano al paraíso fascista: allí no hay deberes con los extranjeros, y solo hay un dominio de los fuertes sobre los débiles (y digo dominio, no gobierno, porque el gobierno implica un mínimo de vínculos recíprocos).

Sin humanidad. Sin civilización.

Y estos neofascistas osan proclamarse defensores de la civilización occidental, sin siquiera conocer ni respetar las lecciones de una de sus fuentes más antiguas.

Por Tomás Molina

Politólogo, doctor en Filosofía y profesor.platom___
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