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En todas partes escuchamos de expertos que el Banco de la República debe ser independiente de todo gobierno. ¿Por qué? Los presidentes tienen un interés electoral en políticas inflacionarias, así que hace falta una institución independiente que tome decisiones técnicas para mantener la inflación controlada.
Solo hay un problema con esto: no es cierto. Si todos los presidentes tienen intenciones inflacionarias, ¿por qué renunciarían a ellas eligiendo banqueros centrales “responsables”? Dudo que hayan alcanzado la iluminación del Buda y abandonado todo egoísmo. Si fuera así, no elegirían como codirectores a sus exministros. Suponiendo que los presidentes tengan interés en el poder (razonable, dado que son… ¡presidentes!), van a elegir gente que convenga a sus intereses políticos y económicos.
¿Cuáles son esos intereses? Son los que se suponen que no tienen: baja inflación y desempleo moderado (al menos en la derecha y el centro). Esto significa que hay una alineación con los intereses del capital (hay grados de alineamiento, no lo negaré). ¡Qué sorpresa! El conflicto no está entre presidentes siempre inflacionarios y el público, sino entre capital y trabajo.
Un momento, ¿para qué tener un banco central independiente? Sencillo. El banco establece un contexto “técnico” pero favorable al capital, que descarga al presidente neoliberal del costo político de decisiones que benefician más al capital que al trabajo. “Lo siento, esto dicen los técnicos” es una excelente excusa para implementar políticas impopulares, pero favorables al capital. Lo político se presenta como técnica inevitable.
Romper con esto es muy difícil. En países como el nuestro, la independencia es una “buena señal” para el capital internacional (no es una sorpresa, dado lo que he explicado), así que cualquier intento de eliminarla es castigado por ese capital. Hay fuertes incentivos (realmente es coerción) para continuar con el consenso neoliberal.
¿De quién es independiente un banco central hoy?
Objetivamente, no es independiente de la ideología neoliberal, el capital ni sus gobiernos, sino de los intereses, la influencia y las decisiones de los trabajadores.
Otros bancos centrales son posibles. ¿Por qué nos contentamos con unos dominados por banqueros, burócratas de carrera y exministros de derecha, por técnicos que sean? ¿Acaso en ese tipo de espacios no hace falta la voz de los trabajadores? ¿No pueden representar sus intereses?
Alguien podría decir que eso es imposible. Primero, las decisiones del banco son técnicas, por lo que solo la élite con Ph.D en economía puede entenderlas. Segundo, las decisiones de los codirectores se basan solo en la evidencia, nunca en ideología.
Pero las decisiones del banco involucran más que cuestiones técnicas. Son políticas, con efectos distributivos poderosísimos. (¡Cuando son independientes aumentan la desigualdad!) Y, en cualquier caso, los trabajadores pueden entender las cuestiones técnicas, aunque no sean necesariamente economistas con Ph.D., si tienen buenos asesores. Además, los economistas, por más técnicos que sean, tienen prejuicios e ideologías. Todos sufrimos de-formaciones profesionales. Por eso la pluralidad es clave.
Hay más alternativas. Podemos pensar en instituciones populares e independientes con el poder de censurar (por ejemplo, una vez al año) decisiones del Banco Central. (¿Acaso el capital internacional no cuenta con este poder de facto? ¿Por qué lo aceptamos en ese caso, pero en el de los trabajadores nos da miedo?). Seguiríamos así a Maquiavelo y la lógica del tribuno del pueblo romano.
Otro banco es posible: uno democrático, con contrapesos (¡ay de los liberales que ignoran los contrapesos cuando les conviene!) y plural.
