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Más que un trabajo, la educación te debe una buena vida

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Tomás Molina
23 de marzo de 2026 - 05:05 a. m.
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La educación debe servir para una cosa clara: dar trabajo. Al menos eso declaró el candidato a la vicepresidencia, Juan Daniel Oviedo.

Nadie con dos dedos de frente negaría que ganarse la vida con dignidad es uno de los propósitos de la educación, por supuesto.

Pero el trabajo no es, ni puede ser, su objetivo principal.

Por supuesto, algunos dirán que la mía es la clásica posición de humanistas arrogantes y desconectados de un mundo donde hay que ganarse la vida. Es todo lo contrario. La posición desconectada del mundo real es justo la que cree que el objetivo de la educación es el trabajo.

Nuestra sociedad está obsesionada con el trabajo. De él derivamos buena parte de nuestra identidad y de nuestro sentido de valía e importancia. Cuando nos preguntan qué somos, de manera invariable respondemos con nuestra profesión. En otras palabras, “ser algo” significa “trabajar en algo”. Es lógico, por lo mismo, que queramos subordinar la educación al trabajo.

Sin embargo, al hacerlo olvidamos que el fin de nuestras vidas no es el trabajo sino la vida floreciente. Educarnos debe tener como propósito principal que podamos desarrollar nuestra razón, nuestras emociones y nuestras virtudes, de manera que vivamos una vida digna de ser vivida.

“Claro, típico humanista que no sabe que la gente tiene que trabajar”, podría insistir alguien.

Aristóteles reconocía que la vida floreciente requiere bienes exteriores. La plata es importante. Y como la mayoría no somos herederos, tenemos que ganárnosla. Esto nadie lo niega. Lo que aquí queremos decir es que si bien la educación debe permitirnos una existencia material digna, ese solo es uno de sus objetivos secundarios. Su fin principal debe ser la vida floreciente.

Piénselo de la siguiente manera. Imagine que a una persona la instruyen desde pequeña para ganarse la vida con un oficio. La literatura, la música, la filosofía, las artes, y todo lo que no le sirva para ese oficio, en fin, se le niega sistemáticamente. ¿Llegará a desarrollar todas sus capacidades humanas (razón, emociones, imaginación, sociabilidad, etc.), o será apenas un engranaje más en la maquinaria económica?

La vida floreciente exige el desarrollo de capacidades que no necesariamente sirven para el trabajo, pero sí para vivir bien una vida plenamente humana. Uno puede ser millonario sin ellas, pero no va a tener una vida floreciente si no sabe regular sus emociones, ni ser éticamente virtuoso, ni apreciar la belleza, ni entenderse a sí mismo, ni cuestionar a las autoridades con razones válidas, ni razonar más allá de lo que el trabajo exige.

Es más, un millonario ni siquiera será plenamente libre sin una educación completa. Como ya lo había visto Hegel, la libertad exige educarnos de un modo que nos permita tomar decisiones reflexivas y conscientes, en contraposición a las acciones irreflexivas y habituales. En nuestra vida política y personal tenemos que estar educados para ser libres, no solo para ser útiles en una fábrica o en una oficina.

Volvamos al inicio. Decíamos que los desconectados son quienes creen que el propósito principal de la educación es el trabajo. Y claro: están desconectados de los seres humanos reales, de sus necesidades, de sus capacidades, de sus libertades. Quieren más bien máquinas eficientes, bien aceitadas para una sola cosa, pero que no piensen, ni imaginen, ni tengan ocio de calidad.

Oviedo tiene razón: la educación debe dar trabajo. Pero no solo debe dar trabajo. Debe permitirnos antes que nada vivir vidas florecientes.

Tomás Molina

Por Tomás Molina

Politólogo, doctor en Filosofía y profesor.platom___
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mousike(55127)24 de marzo de 2026 - 09:43 p. m.
Pero qué más se le puede pedir a un "tecnócrata" como Oviedo que diga. O a otro, como Peñalosa, que afirmaba que para qué estudiar humanidades, arte, si lo importante era formar gente para el "oficio".
Carlos(12062)24 de marzo de 2026 - 09:05 p. m.
La derecha siempre ha querido volver a las universidades, en particular públicas, un refrito del Sena: sólo trabajen en oficios, no piensen. De ahí su idea de trabajar-trabajar-trabajar-sin derechos, para engordar las billeteras de empresarios y rentistas, que restringen la movlidad social para sus hijitos.
Clara Isabel Sánchez Salazar(20526)24 de marzo de 2026 - 01:54 p. m.
Qué buen artículo. Chapeau
bernardo cifuentes garcia(19305)24 de marzo de 2026 - 04:41 a. m.
Pues lo primero no es para qué sirve la educación sino si tenemos un educación de buena calidad o de mala calidad. Lo que se sabe según muchos estudios es que tenemos una de las peores educaciónes del mundo. En términos generales la educación pública no está generando movilidad social y se está reciclando la pobreza. A eso es que se refiere Oviedo. Éste Molina es un buen soñador y seguramente recibió una buena herencia de Papá y Mamá
Mario Giraldo(196)23 de marzo de 2026 - 07:28 p. m.
Oviedo se equivoca de forma grave. Es función de la economía el crear puestos de trabajo y el promover el desarrollo industrial que absorba el recurso humano, capacitado o sin capacitación. En general, en las economías que crecen como la de Petro, hay trabajo para todos, siempre y cuando haya inversion de ese crecimiento. Uribe recibió una bonanza petrolera, el país creció a mas del 5% y el desempleo nunca bajo. Hoy el país crece y tenemos menos desempleo
  • MARIO BERRIO(jbw8b)24 de marzo de 2026 - 03:40 p. m.
    En qué país vive usted? Está tomando del pelo? El desempleo ha bajado porque ha aumentado el cuentapropismo y rebusque. El déficit fiscal creado por petro le va a estallar en la cara al próximo gobierno.
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