Publicidad

Todos somos ideológicos (¿menos Viviane Morales?)

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Tomás Molina
24 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
“No quieren una educación sin ideología, quieren una con la suya”: Tomás Molina
“No quieren una educación sin ideología, quieren una con la suya”: Tomás Molina
Foto: Archivo Particular
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

En la derecha tienen una obsesión malsana con la palabra “ideología”. Todo lo que no les gusta es ideología y sueñan con purificar al mundo de ella.

Tomemos la famosa “ideología de género” que Viviane Morales ha vuelto a traer al debate educativo. Supongamos que existe y que es una ideología. ¿Habría que oponerse a ella por ideológica? Entonces también habría que oponerse a la alternativa que propone Morales.

¿Qué ofrece la nueva ministra de Educación? ¿La realidad sin filtros? No: un conjunto de valores e ideas sobre cómo es y cómo debería ser el mundo. Es decir, una ideología: el conservatismo cristiano. No quieren una educación sin ideología, quieren una con la suya.

La educación sin ideología es imposible. Aunque uno quiera impartir conocimientos de la manera más neutral posible, la sola escogencia de qué se enseña (así sean solo ciencias duras) ya implica una postura ante el mundo. Por ejemplo, si no enseñamos democracia, historia ni filosofía, formamos ciudadanos sin conocimientos para lo público. Eso no es neutral: probablemente parte de una ideología que privilegia lo privado.

Un conservador podría concederme ese punto y aún así tratar de refutarme. Quizá me diría que en el progresismo tampoco quieren una educación sin ideología, quieren una con la suya. Y pondría de ejemplo el enfoque de género. Porque este pretende que no hay roles naturales para hombres y mujeres sino roles que de manera arbitraria se han asignado según nuestro aparato reproductor. Pero esta no sería la verdad sino una posición ideológica más. ¿Entonces con qué razón deberíamos enseñarla sobre otras?

Ese es un argumento difícil de refutar, pero creo que hay una salida. No estamos hablando de argumentos en abstracto sino del tipo de educación que queremos darles a los futuros ciudadanos. En otras palabras, el punto es sobre la educación sexual (¡y sentimental!) en democracia. Y la democracia tiene unos valores irrenunciables si quiere seguir siendo una democracia: la autonomía, la libertad, el respeto. Esas son nuestras reglas de juego. Y valdría la pena preguntarse qué posición coincide más con ellas.

Creo, por ejemplo, que desde la perspectiva democrática decirle a una chica que tiene que cumplir con unos roles sociales solo porque tiene un cuerpo determinado (el de mujer) es ofensivo e incompatible con la autonomía. La promesa de la democracia no es solo la de elegir a los gobernantes sino la de tener la máxima libertad en el desarrollo del proyecto de vida propio. Y esto incluye a la sexualidad. Una chica debe poder escoger el rol social que ella quiera, tenga el cuerpo que tenga. En otras palabras, no tiene por qué cocinarle a nadie, ni casarse a determinada edad, ni tener hijos, si así no lo desea.

En la misma línea, nadie debería tener que sufrir acoso por tener una u otra orientación sexual. Eso también es antidemocrático porque atenta contra el valor de la autonomía basada en el respeto.

En consecuencia, aunque la posición de Morales y la del enfoque de género sean ideológicas, eso no quiere decir que sean equivalentes frente a los valores democráticos. Es más, yo diría que la de Morales sería más apropiada para una monarquía conservadora y teocrática en la que cada quien ocupa un rígido rol social a causa de su nacimiento, género o cualquier otra cosa.

Y yo no quiero vivir en una sociedad así. ¿Ustedes sí?

De pronto algunos conservadores, sí. Y eso es lo preocupante de nuestro tiempo.

Tomás Molina

Por Tomás Molina

Politólogo, doctor en Filosofía y profesor.platom___
Conoce más

 

Alberto Sandoval(68074)Hace 6 minutos
Pues estoy de acuerdo con Vuvian Morales, esta educación se estaba desbordando, tal vez sea conservador pero coherente
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.