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Trump es el gran aliado de las energías limpias

Tomás Molina

27 de abril de 2026 - 12:09 a. m.

Este columnista debe estar loco, podría pensar un lector bien informado al leer el título de esta columna. ¿Cómo se le ocurre decir que Trump es un aliado de las energías limpias, si ha afirmado en múltiples ocasiones que no le interesan, que son una estafa y que solo quiere extraer petróleo?

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La respuesta está en Hegel. El filósofo alemán es conocido por una idea provocadora: la astucia de la razón. Según esta, Trump puede creer que al atacar las energías limpias y bombardear Irán está sirviendo sus propios intereses económicos y políticos. Pero sus acciones conducen a un propósito racional que él rechaza: las energías limpias.

Veamos cómo.

La guerra en Irán (cierre de Ormuz, ataques a la infraestructura energética, etc.) ha incrementado significativamente los costos de los combustibles, las manufacturas y los alimentos en todas partes. Esto ha dejado en evidencia que depender de los hidrocarburos implica riesgos enormes para la seguridad económica y energética, incluso para los países que poseen en abundancia este recurso.

¿Qué hacer entonces? Lo que todo ambientalista sueña: hacer una rápida transición energética. Solo por medio de ella se reducen los riesgos que resultan de la dependencia de los hidrocarburos.

Nos encontramos entonces con que un propósito racional (dejar de destruir la atmósfera con gases de invernadero) ha resultado de un interés individual que se opone abiertamente a ese mismo propósito. Como dirían las abuelas hegelianas: nadie sabe para qué propósito racional trabaja.

Los gobiernos y candidatos que siguen apostando por los combustibles fósiles no han entendido esta nueva realidad. Aumentar la producción de hidrocarburos puede dar un respiro en el corto plazo, pero no garantiza la autonomía que los países necesitan. Estados Unidos es el mejor ejemplo: es el mayor productor mundial de petróleo y gas, y aun así el precio de su gasolina y sus alimentos sube aceleradamente cada día que la guerra en Irán continúa.

Parte de ese encarecimiento de los alimentos tiene una explicación técnica que merece más atención: el precio de los fertilizantes está atado al del gas natural, que es su principal insumo. Una transición energética completa debe contemplar también este eslabón, impulsando fertilizantes de origen renovable, como biofertilizantes y urea verde, que blindarían a los países, al menos en parte, de los vaivenes de los conflictos imperiales en Medio Oriente.

Quienes insisten en sacar hasta la última gota de petróleo del subsuelo siguen mirando el mundo con los lentes de un modelo agotado, que históricamente le apostó a la extracción de recursos naturales como principal motor del desarrollo. Ese mundo ya no existe y no es deseable volver a él por razones ecológicas y económicas. El desarrollo, la autonomía y el empleo hoy están del lado de la transición energética, los fertilizantes verdes y el transporte masivo limpio.

A los técnicos que siguen en el mundo del ayer les diría que dejen ir. Las cosas han cambiado y es preciso aceptarlo. Trump nos ha abierto la puerta de las renovables sin quererlo. No nos quedemos quietos.

Por Tomás Molina

Politólogo, doctor en Filosofía y profesor.platom___
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