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Cantautores

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Tulio Elí Chinchilla
09 de octubre de 2009 - 02:40 a. m.
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LA ACADEMIA DEFINE LA VOZ CANtautor como “Cantante, por lo común solista, que suele ser el autor de sus propias composiciones, en las que prevalece sobre la música un mensaje de intención crítica o poética” (ilógica definición: sólo se es compositor de creaciones propias, no de las ajenas).

El de los cantautores es un género musical valioso que merece permanecer y proyectarse al futuro. Nutrió intelectualmente a más de una generación, a quienes hoy ya no son jóvenes y a los que todavía lo son, dado su beat de balada con matiz roquero. Aunque es música popular, alberga mensajes estéticos refinados, con letras de buena factura poética, elaboración melódica a veces simple pero cuidadosa y excelentes arreglos orquestales.

El más destacado: Joan Manuel Serrat, desde su letra Penélope, musicalizada por Augusto Algueró, hasta su reclamo social A Quien Corresponda. Le siguen el irreverente Joaquín Sabina con sus versos quevedianos (Ruido y A la Sombra de un León), Víctor Manuel con su Quiero Abrazarte Tanto y Ay Amor, Paco Ibáñez con Palabras a Julia, y Luis E. Aute con Sin tu Latido. En Latinoamérica sobresalen Alberto Cortez (desde En un Rincón del Alma, de los lejanos sesentas, hasta Miguitas de Ternura), Facundo Cabral, los cubanos Pablo Milanés y Silvio Rodríguez y Piero con Pedro Nadie.

Hay excelentes cantautoras: Violeta Parra y las españolas Cecilia (con Dama Dama, Soldadito de Plomo y Quiero Vivir Palabras) y María Ostiz (autora de No Sabes Cómo Sufrí). En Colombia hemos tenido cantautores de calidad: el nadaísta Pablus Gallinazus con Flor para Mascar y Mula Revolucionaria y recientemente Iván Benavides con su En Contravía y la musicalización del poema Alba. Venciendo la barrera idiomática hemos logrado disfrutar a Francis Cabrel con sus versos “Dime si lleva en su pelo el olor /de lo que quise que fuera el amor... / Tiene la edad del primer corazón /del rey de Arabia, /de las bodas de amor”, y un poco a George Moustakí (El Extranjero).   

No hay por qué matricular este rico género en la corriente contestataria o de “canción social”, disfrute de gente de izquierda. Nadie negaría el título de cantautor a Emilio José con su copla andaluza La Barca: “Tu nombre se está borrando / de la proa de mi barca / ojalá que el mar pudiera, / borrármelo a mí del alma... Todavía el sol poniente / arranca chispas doradas / al viejo farol de cobre / que cabecea en la playa”. Ni a ese José Luis Perales que en Minuto de Amor reclama: “No cambiaré la hierba por la nada, / no cambiaré la llama del hogar / no cambiaré la luz de esta mañana, / ni estas colinas que duermen al sol.../ no cambiaré la magia del silencio / que cada noche me viene a besar”.

Diferenciar cantautores y baladistas es ejercicio inseguro: ¿por qué no son cantautores el venezolano Jordano (con Manantial de Corazón y Por esas Calles) y Arjona (con Verbo no Sustantivo)? Los cantautores no convocan grandes masas ni llenan estadios aullantes, pero no cabe excluir de este género a artistas populares. Quienes hoy disfrutan mensajes como Fíjate Bien, Sueño Libertad, Volverte a Ver, Podemos Hacernos Daño e It’s Time to Change, de Juanes ¿no lo reconocerán como otro género de cantautor?

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