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Tiple universal

Tulio Elí Chinchilla

18 de junio de 2009 - 08:01 p. m.

ENTRE LOS VARIADOS FESTIVALES de música autóctona, el Encuentro Nacional del Tiple, que se realiza en Envigado —este año entre el 25 y el 28 de junio—, se destaca por su carácter no competitivo ni concursal.

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Su nombre lo anuncia: un encuentro de músicos cuyo único propósito es compartir gozosamente rondas en las que cada participante disfruta (no padece) el virtuosismo de los otros, sin ganadores ni perdedores. Juego de suma positiva en Teoría de Juegos.

Pero como este instrumento musical —con la misma denominación, con encordadura y timbre similar al nuestro— también se ejecuta desde hace tiempo en Cuba, Puerto Rico y Venezuela, ya no pude hablarse del tiple (en singular) sino de tiples (en plural). Por eso el encuentro envigadeño se ha convertido en una convocatoria a tiplistas de diversos países en los que se toca esa variopinta familia instrumental. De este carácter multinacional del tiple dan cuenta páginas como cuatros.com, que lo declara como instrumento típico boricua. Y que, con alguna destacable autenticidad, el cantante de pop Ricky Martin haya acentuado el toque caribeño de su canción Tu Recuerdo, con el acompañamiento y el solo virtuoso de un “tiple doliente” puertorriqueño (véase el publicitado video de televisión, asequible en YouTube).

A tono con esa realidad, el certamen de Cortiple busca mostrar la metamorfosis del tiple: de humilde acompañante rítmico de la guitarra en bambucos, pasillos, guabinas y torbellinos a instrumento melódico y solista en la interpretación de piezas de la música universal, incluida la música culta europea. Aquella modesta “guitarrilla” de doce cuerdas imposibles de afinar —una de las grandes mentiras era decir “un tiple afinado”—, perfeccionó su técnica de construcción hasta obtener hoy una afinación del 98% y una sonoridad de platillo armónico o campana melódica arpegiada.

Con variado programa, este encuentro musical ha diversificado los espacios de aproximación al tiple: talleres de luthiers, muestra de modalidades de ejecución (rasgado, con plectro, como solista) y formas de afinación (tradicional santandereana-boyacense en si bemol o moderna en do), tertulias sobre el futuro del instrumento. Un diálogo de músicos y musicólogos.

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El acceso absolutamente gratuito a todos los eventos es otra llamativa peculiaridad de este certamen. Puesto que ni las multinacionales del disco ni los empresarios del espectáculo se asoman por allá, sólo algunas formas de subvención pública o solidaria permiten que este tipo de festivales “sigan perteneciendo al pueblo” (como reza la inscripción de la National Galery de Londres). Generosidad que complace a un amplio público motivado del que sólo autoexcluye el mal gusto estético, es decir, la ordinariez humana.

Y no necesariamente se trata de un “programa para viejos”. Porque nuestro tiple, al igual que el de otras naciones que lo incorporan a su patrimonio cultural, tiene cómo conquistar el corazón juvenil: al fin y al cabo se hermana con la guitarra folk anglosajona de doce cuerdas (octavadas a partir de las terceras), hoy imprescindible en baladas rock y country. Y el tiple podría superarla en dulzura tímbrica y riqueza armónica.

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