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La banda de piratas de Aristóteles

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Umberto Eco
19 de diciembre de 2010 - 02:52 a. m.
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RECIENTEMENTE ENCONTRÉ LA TRAducción al italiano del curioso libro de Peter Leeson El gancho invisible:

La economía oculta de los piratas. Leeson, historiador estadounidense del capitalismo, explica los principios fundamentales de la economía y la democracia modernas, tomando como modelo las tripulaciones de los barcos piratas del siglo XVIII. Muestra que, gracias al férreo código de los bucaneros, era un sistema justo: democrático, igualitario y abierto a la diversidad. Era, en pocas palabras, un modelo perfecto de sociedad capitalista.

El primer hombre que trazó un paralelo entre los piratas y los mercaderes (en otras palabras, los empresarios libres, modelos del capitalismo futuro) fue Aristóteles —si bien él no pudo haber sabido nada acerca del capitalismo—. Aristóteles fue el primero en definir “metáfora” y aseguraba que la metáfora no es un simple ornamento, sino una forma de conocimiento en sí. No obstante, durante muchos siglos después la metáfora siguió siendo vista sólo como una forma de embellecer un discurso sin cambiar su sustancia. Y hasta la fecha, algunos siguen opinando que ésa es su función.

Pero en Poética, Aristóteles escribió que comprender buenas metáforas es ser capaz de identificar conceptos similares o relacionados. En relación con esta función cognoscitiva de la metáfora, Aristóteles entró en más detalles en Retórica cuando escribió que cosas que generan admiración son agradables porque nos llevan a descubrir una analogía inesperada. En otras palabras, como él escribió, “colocan ante nuestros ojos algo de lo que nunca nos habíamos dado cuenta”.

Como podemos ver, en esta forma Aristóteles asignó a las buenas metáforas una función semicientífica. Es un tipo de ciencia que no involucra descubrir algo desconocido, sino crear una nueva forma de ver las cosas. ¿Y cuál es uno de los ejemplos más convincentes de metáfora? Una metáfora (y no tengo la menor idea dónde la encontró Aristóteles) en la que los piratas eran descritos como “proveedores” o “abastecedores”. Aristóteles sugería que, cuando estuviéramos enfrentados con dos cosas aparentemente diferentes o incompatibles, debíamos identificar cuando menos una propiedad común que compartieran, y entonces quizá viéramos las dos cosas diferentes como especies del mismo género.

Generalmente los mercaderes eran vistos como gente buena que navegaba los mares para transportar y vender legalmente sus mercancías, en tanto que los piratas eran los villanos que los atacaban y saqueaban. No obstante, la metáfora sugiere que lo que los piratas y mercaderes tenían en común que transferían bienes de una fuente hasta el consumidor. Sin duda, una vez que los piratas habían saqueado a sus víctimas, se alejaban navegando para vender sus ganancias mal habidas en uno u otro lugar, y en consecuencia, ellos eran también transportadores, proveedores y abastecedores de mercancías.

Por una parte, esta metáfora hace necesario reconsiderar el papel del pirata en la economía del Mediterráneo. Pero, por la otra, lleva a reflexionar con cierta sospecha sobre el papel de los mercaderes y sus métodos. En pocas palabras, esta metáfora parece anticipar lo que el escritor alemán Bertolt Brecht diría siglos más tarde: que poseer un banco es un crimen peor que robarlo. Aristóteles no pudo haber anticipado lo extrañamente inquietante que sonaría hoy la frase de Brecht, a raíz de la crisis financiera internacional.

No hay necesidad de pretender que Aristóteles hubiera estado de acuerdo con Karl Marx —es muy fácil sentirse divertido por esta historia de piratería—. Astuto diablo ese, Aristóteles.

 

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