La cumbre sobre el fenómeno de cambio climático que se realiza en Cancún, México, terminará sin pena, ni gloria.
Sin ningún compromiso de autoridad y responsabilidad para hacer frente a un drama que prácticamente tiene en jaque a todo el planeta tierra. Lo más grave, es que el Acuerdo de Kioto que vence en el 2011, no será prorrogado, los Estados Unidos y Rusia, muestran total indiferencia, a ellos se sumarán otros países del hemisferio.
La razón es muy sencilla: nadie puede creerse culpable de tan delicada situación, ni tampoco asumir como suya una responsabilidad que es colectiva y de connotaciones universales. Todos los gobiernos asistentes a la cumbre, quedaron enmudecidos con los pronósticos dados a conocer por sus colegas, donde manifestaron que la situación en sus respectivos países es tan dramática que también convocan a la solidaridad mundial. Es un drama general, donde hay que decir sin lugar a equívocos de: sálvese quien pueda. Quienes han adoptado un plan de contingencia para hacerle frente a la ola invernal que nos está azotando, muy seguramente podrán paliar las enormes dificultades que se presentan en sus respectivas regiones.
Lamentablemente hay que decir, que en asuntos de catástrofes, los colombianos hemos sido imprevisibles. Nunca competentes en la adopción de planes de contingencia, por lo general siempre esperamos que venga la gran sorpresa, que sea papá gobierno quién nos provea de los implementos necesarios mientras pasa la emergencia. Hay que reconocer que está vez la capacidad del Estado, frente a la magnitud de la tragedia ha llegado a sus límites.
Hemos escuchado al Señor Presidente manifestando su enorme preocupación por lo que se está viviendo en casi todos los departamentos. Hasta el momento son más de dos millones de damnificados con tendencia a subir de acuerdo a los pronósticos del Ideam sobre el comportamiento del tiempo. Todo indica que las lluvias continuarán hasta el primer trimestre del 2011.
Las vías de penetración en la mayoría de los departamentos se encuentran obstruidas. Pretender que sea el Estado el que asuma la responsabilidad para dar solución a un drama de connotaciones naturales, es bastante aventurado. Aquí no se trata de hechos subversivos, ni de atentados; es simple y llanamente un fenómeno natural derivado de la mala administración del hombre a los recursos naturales que nos rodean desde el momento mismo de nuestra existencia. Esta es una catástrofe anunciada y que se veía venir desde hace muchos años.
Los organismos internacionales que velan por la conservación del ecosistema y el medio ambiente, así los venían pronosticando. Lamentablemente hicimos caso omiso a tan loables recomendaciones con los resultados que saltan a la vista. Apenas es el comienzo de lo que muy posiblemente será el final de nuestra existencia, si es que no adoptamos con urgencia planes y programas para preservar el nuestros recursos naturales.
En conclusión y frente a la ola invernal que nos está azotando: debemos ser más previsivos partiendo de lo que somos y lo que tenemos en los actuales momentos. Ir previendo situaciones que de un momento a otro se pueden presentar, abandonando las áreas de peligro. Esto debe hacerse en coordinación con las Juntas de Acción Comunal en las respectivas veredas; con los Alcaldes, en los municipios; y los organismos de socorro departamentales y nacionales, debemos ser conscientes de la grave situación que nos rodea y jamás esperar que nos coja la tragedia de manera sorpresiva y desprevenida.