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Conservatismo debe definirse

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Uriel Ortiz Soto
21 de mayo de 2009 - 03:58 a. m.
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Las posturas asumidas en las últimas décadas por los dirigentes del Partido Conservador, frente a los destinos del país, dejan mucho que desear.

Sus dirigentes son muy susceptibles para dejarse arrastrar por los vientos huracanados de los referendos reeleccionistas, curules, embajadas, ministerios y todo tipo de componendas burocráticas.

El remolque que se le viene dando a través de otros partidos desde hace varios años, lo tiene ya casi que borrado del mapa político. Dejó de brillar con luz propia como lo fue en sus tiempos de gloria; está perdiendo su norte y razón de ser. A sus dirigentes  no les importa pactar hasta con el diablo, con tal de permanecer en el poder. Su afán por pescar burocracia, no es nada coherente con los postulados universales de principios y valores, soportes fundamentales de una sociedad  organizada, con justicia, razón y lógica y de todo gobierno conservador legítimamente constituido. No es elemental decir que nuestros dirigentes con sus marrullas infantiles han tirado también por la borda los principios de Caro y Ospina, grandes ideólogos y promotores de Conservatismo en Colombia.

Si analizamos los últimos gobiernos conservadores después del Frente Nacional, nos damos cuenta que, con excepción del  de Belisario Betancourt, y Andrés Pastrana Arango, - que no podrían calificarse de auténticos conservadores -, el partido no ha sido más que un convidado de piedra para dar cumplimiento a algunos preceptos Constitucionales. Quienes lo han orientado en los últimos años, no han tenido la suficiente grandeza y visión de organizarlo con pretensiones de poder y gobierno. Simplemente, se han dedicado a ser custodios de cuotas burocráticos para ser distribuidas entre sus incondicionales seguidores, pero, sin tener en cuenta los millones de copartidarios  dispersos por toda la geografía nacional que en épocas electorales deambulan como ovejas descarriadas sin encontrar quién los oriente de acuerdo a su ideología y pensamiento conservador.

El doctor Álvaro Gómez Hurtado, q. e .p. d; siempre se refería a este tema con la expresión: “Conservatismo, sí hay, lo que no hay es Partido”. Esta triste realidad se ve reflejada diariamente con las posiciones conformistas y ambivalentes de quienes lo orientan desde la casa del Barrio  la Soledad en la Capital de la República. Si Fueran más diligentes en su conducción, teniendo en cuenta su filosofía y postulados desde el punto de vista universal, podríamos estar absolutamente seguros que, el Conservatismo, sería, la gran opción de poder que el país con urgencia necesita.

No existe hasta el presente, doctrina política universal, más estable, amplia, novedosa, bondadosa y revolucionaria, que la del Conservatismo. Lamentablemente en nuestro país, nos hemos estacionado en los escenarios del caudillismo, todo acto o actividad siempre está orientado a rememorar sus prohombres, que si bien, le dieron nombre y gloria en su momento; de sus inspiraciones, es muy poco lo que queda. Con lo anterior se quiere decir: que el Conservatismo  es un partido en permanente evolución, que debe conservar desde luego su plataforma ideológica, pilares fundamentales donde reposa el pensamiento filosófico de quienes lo concibieron, y que hay que desentrañarlos desde que las comunidades bajo su orientación, iniciaron su proceso de formación, constitución y desarrollo.

Los partidos de derecha, que dieron origen a los Gobiernos Europeos, en el siglo pasado, han gozado de una organización muy sólida y coherente  con sus postulados universales  y han tenido la precaución de trazar linderos democráticos para el caso de las alianzas, que, desde luego son permitidas en toda democracia, pero, jamás compatibles con la ideología de  los socios de gobierno.

Después de los anteriores razonamientos, es procedente preguntarnos ¿Porqué el Partido Conservador, debe definirse, para ser protagonista de su propio futuro? Esta respuesta la tienen desde hace mucho tiempo, los millones de conservadores que hay en nuestro país. En cualquier instancia de la vida nacional, antes que liberales o de cualquier otro partido; hay conservadores por doquier, eso sí, descarriados, sin ningún rumbo, sencillamente porque no hay quién los oriente, organice y  guíe.

Las juventudes en las universidades; los campesinos en sus parcelas; las amas de casa en sus hogares; los comerciantes en sus tiendas; los obreros en sus fábricas; el clero con sus fieles; son escenarios permanentes y válidos donde se puede llevar un mensaje conservador, de acuerdo a la actividad de cada una de estas organizaciones. De nada  sirve que sus dirigentes continúen gastando garganta, en prédicas insulsas e incoherentes si están desentonadas con la realidad del país y del partido.

Esperamos que, para la próxima contienda electoral que se avecina, el Conservatismo brille con luz propia; sus dirigentes hagan a un lado las migajas burocráticas que desde hace décadas vienen recibiendo de los  gobiernos de turno y se dediquen a estructurar un programa verdaderamente conservador; se lancen a las plazas públicas con la misma decisión y arrogancia que lo hicieron quienes fueron sus promotores y dieron ejemplo de orientación, pulcritud y grandeza.

No olvidemos que existe un mosaico de hombres y mujeres, muy capaces de llegar al solio de Bolívar en representación del Partido Conservador; manos a la obra; mientras tanto muchos conservadores continuaremos refugiados en el partido de la U.

urielos@cable.net.co

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