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Conservatismo debe marginarse

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Uriel Ortiz Soto
02 de junio de 2010 - 10:10 p. m.
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La indolencia de quienes dicen ser jefes del Partido Conservador, no tiene límites, es tal su deseo de seguir usufructuando las migajas burocráticas de los gobiernos de turno, que no tienen ningún pudor para entrar a negociar sus últimos alientos de vida, a cambio de sentarse a manteles para saborear lo que muy pronto será el final de su existencia, con su ideario: orden, moral, principios y valores; promulgado por sus fundadores y acogido con entusiasmo por militantes de todo el país.

Para nadie es un secreto que el Partido Conservador, en las elecciones presidenciales, de la primera vuelta del 30 de Mayo, quedó herido de muerte, es apenas lógico, que como cualquier enfermo terminal, hay que llevarlo a la sala de cuidados intensivos con el fin de salvarle su ya precaria existencia, causada por una anemia aguda propiciada por quienes desde hace varias décadas se vienen alimentando de su esencia doctrinaria para satisfacer sus egos personales y círculos familiares; pero sin inyectarle la dosis diaria de supervivencia de acuerdo a los tiempos modernos.

Nuestros anquilosados jefes, en lugar de andar masticando el chicle de las vergonzosas mendicidades, deberían hacer un alto en el camino como dirigentes, convocar urgentemente a una convención extraordinaria con el fin de designar nuevo Directorio Nacional, que interprete las urgencias del momento para empezar a construir y a fortalecer un Partido de cara al futuro, moderno y programático, de donde posteriormente nazca la vocación de poder con elegancia y con cultura ciudadana; sin componendas y sin las odiosas alianzas burocráticas, que tanto daño están causando al país, de donde se derivan los continuos escándalos de corrupción que actualmente nos asfixian.

Los llamados a salvar el Partido de Caro Y Ospina, son los Congresistas elegidos en la contienda electoral del pasado 14 de Marzo. Ellos, que por delante tienen un período legislativo de cuatro años, deberían llamar al orden a quienes con ínfulas de jefes  pretenden negociar para los próximos cuatro años unas prebendas burocráticas, muy posiblemente a cambio de su partida de defunción. Sin querer criticar a la doctora Noemí Sanín, nuestra candidata en la pasada contienda electoral, hizo lo que pudo sobre un escenario conservador frágil, carente de rumbo, de ideario y de programas. Por esta causa, estuvimos a punto de perder la Personería Jurídica, pero, sí estamos ad portas de ser borrados del mapa electoral si continuamos dando tumbos de ciego.

Mientras el Conservatismo, universalmente, continúa generando grandes sorpresas por la seriedad y contundencia de sus doctrinas, el de Colombia, sigue siendo un partido parroquializado, desactualizado, que cada cuatro años en vísperas electorales solamente mira el acomodo para unos cuantos incondicionales que lo secundan en sus afanes burocráticos. Jamás mira con dignidad, altura y grandeza, el futuro de la Patria. Todo esto por falta de una dirigencia intelectual y seria.

Dirán muchos probos y analistas políticos de diferentes corrientes, que los partidos de derecha tienden a desaparecer. Cuan equivocados están. Conservatismo, si hay, todos los estratos sociales, económicos y políticos de todas las sociedades del mundo que se precian de construir sus instituciones perdurablemente democráticas, lo hacen sobre los cimientos conservadores.

Qué importante fuera que los dirigentes del Partido entraran en razón y tomaran serias decisiones para antes de las elecciones del próximo 20 de Junio. No podemos contribuir a elegir un presidente que es nada más y nada menos que la continuidad del actual gobierno, que infortunadamente termina con un grado de corrupción y descomposición social en todos los órdenes de la vida nacional. Busquemos nuestra independencia rechazando la alianza con el candidato del establecimiento y dediquémosnos a reestructurar el conservatismo de base, mediante una reforma estatutaria que se acomode a los últimos avances de la ciencia y la tecnología, para que así podamos hablar a nuestros copartidarios un lenguaje acorde con los tiempos modernos.

No puede ser posible que mientras las clases campesinas que son las llamadas a tener mayor protección del Partido, se encuentren desorientadas y desprotegidas. El Estado de Derecho para ellos, es sencillamente un lenguaje extraño a las circunstancias de tiempo modo y lugar, cuando algún favor invocan, todo se diluye en la eterna vocinglería de una burocracia arrogante, y casi que estéril en resultados. Como consecuencia de todo esto recordemos el vergonzoso episodio de: Agro, Ingreso, Seguro, AIS, y que para peor desgracia el jefe de todo este escándalo está aspirando a ser el jefe del Partido. Somos tan borregos, que a los mejor nos dejemos conducir  al patíbulo final de nuestra ya precaria existencia.

urielos@cable.net.co

urielos@telmex.net.co

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