Si eres creyente en un ser superior, pon en práctica los diez mandamientos, si no lo eres, práctica las virtudes de la moral y la ética; si ninguno de los dos, eres un candidato mediocre que con ánimos de señor y dueño pretendes apoderarte del cargo por elección popular para satisfacer tus egos personales, de familiares y amigotes.
Posarás de ser un rapsoda colocado en el pedestal de la grandeza, pero te convertirás en una miseria humana, cuando don corrupto empiece a manejarte y sea a él, a quién debas rendir sumisión y obediencia, con el fin de cumplir los acuerdos pactados con los politiqueros de turno para satisfacer apetencias burocráticas.
La peor desgracia para un pueblo es votar por este tipo de personajes, que estructuran su programa de gobierno con los jefecillos de diferentes vertientes políticas, que como consecuencia lógica resultan todo un engendro y una colcha de retazaos, que en sus tejidos dejan ver los burdos acuerdos a los que se llegaron, para llevar a la alcaldía a todo un pelele, que será manejado como marioneta azuzada por los vientos de la corrupción, sin derecho a chistar tendrá que cumplir todos los entuertos que irónicamente forman parte de su programa de gobierno aprobado por los politiqueros de turno que conforman su coalición.
¿Cuántas administraciones municipales, con motivo de las próximas elecciones se encuentran al borde de semejante abismo? Sin que exista autoridad alguna que lo impida, gracias a que dichos absurdos son avalados por los partidos y movimientos políticos, que lo único que les importa es nombrar alcaldes de fácil manejo y docilidad, para que les cumplan con lo convenido en los tiempos de campaña, que quedan escritos y la mayoría de las veces soportados con títulos valores firmados por el candidato a la alcaldia, que lo hizo con tal de obtener el apoyo de los caciques de turno.
Por lo regular en estas épocas preelectorales, los presupuestos y los contratos municipales son presa fácil de los dirigentes políticos, con el fin de lograr atraer el favor popular de los ciudadanos, que desgraciadamente no se conforman con el libre y sano ejercicio democrático, sino que hay que acudir a las dádivas y otras prebendas muy propias de la corrupción política para convencerlos del deber ciudadano.
Es la época en que los Organismos de Control deben fortalecer su vigilancia sobre el manejo de los dineros públicos, puesto que después de pasadas las elecciones, quedan al descubierto una serie de chanchullos y peculados, que luego será muy difícil conseguir a los responsables, puesto que ya están de salida y por lo tanto no se motivan a entregar a su sucesor una administración lo suficientemente clara.
Lamentablemente los partidos y movimientos políticos en nuestro País, no tienen autoridad moral para hablar sobre este tema, puesto que están tan mal estructurados y sin ningún derecho de pertenencia por la administración pública, que las miles de veces en que se dan cuenta de semejantes desafueros, pasan de agache, puesto que son grandes y victoriosos de acuerdo a la cantidad de votos, mas no de la forma honesta y gallarda en que los hayan podido conseguir.
Si hablamos por ejemplo de los avales que se otorgan para aspirar a un cargo por elección popular, para el caso de las alcaldías, nos damos cuenta que en un gran porcentaje de los candidatos no reúnen los requisitos exigidos por los estatutos de los partidos y movimientos políticos, sin embargo, los otorgan simple y llanamente si cumplen las expectativas económicas del partido o movimiento. Hoy en día está tan de capa caída la política en nuestro País, que los avales, se otorgan así el candidato no sea del partido o movimiento, basta con que se comprometa con una cuota de tipo económico o algunas prebendas burocráticas para con quien lo firma, y lo más seguro es que lo obtiene.
Lo sensato es que quienes siendo ciudadanos honestos y con un buen programa de gobierno, si aspiran a ser elegidos para llegar a la alcaldía de su pueblo, lo haga con una campaña de motivación y concientización, explicando los alcances de su programa de gobierno, y luego constituir un grupo de ciudadanos con el fin de motivarlos a presionar ante la dirigencia política a la cual pertenecen, para que se le otorgue el aval a su candidato preferido, pero lamentablemente esto nunca ocurre.
Sin embargo, este grupo de aspirantes muchas veces tiene que acudir a las candidaturas por el sistema de firmas de ciudadanos, sistema bastante dispendioso, que muchas veces es saboteado en los laberintos de las Registradurías por orden de los gamonales políticos.
Todos los días y a todas horas en nuestro País nos quejamos de corrupción, es apenas lógico que exista y seguirá existiendo, así el gobierno continúe expidiendo leyes y decretos, que por más fuertes que sean, no pasarán de ser un saludo a la bandera, puesto que lo primero que tenemos que hacer es moralizar la política, no podemos seguir eligiendo a las gobernaciones, a las alcaldías, y legislativos departamentales y municipales a verdaderos delincuentes de cuello blanco, que a lo único que van es a esquilmar el Estado y a las regiones que pretenden gobernar.
Siempre hemos dicho a través de esta columna, que la pureza de los actos administrativos depende de la buena estructura de los partidos y movimientos políticos, que son en últimas los directos responsables de que un funcionario por elección popular cumpla a cabalidad con sus funciones y deberes inherentes del cargo.
De otro lado, al ciudadano le está haciendo mucha falta pedagogía política y electoral, para que deje de ser presa fácil de los politiqueros, que en estas épocas pululan por los pueblos y veredas prometiendo los divino y lo humano, corrompiendo la conciencia popular con acuerdos que desgraciadamente para ellos son programáticos, pero que en honor a la verdad no son más que un engendro de promesas y futuras frustraciones.
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