Definitivamente el Presidente Uribe y la mayor parte de sus inmediatos colaboradores, incluyendo sus ministros y amigos más cercanos, están blindados contra todas las tempestades y vientos huracanados de la parapolítica.
Considero que merced a todo esto, el país puede sentirse seguro y tranquilo. La desgracia de las responsabilidades penales por estos hechos aún no ha llegado y, pienso, ya no traspasará los umbrales de la Casa de Nariño. Los jueces de primera instancia para cada caso en particular han adelantado investigaciones serias y juiciosas contra todos los que han resultado involucrados en episodios por cierto muy vergonzosos para la clase dirigente y nuestras instituciones democráticas. Pero, por fortuna para el país, la imagen y la institución presidencial continúa firme e inamovible, soportando los más feroces embates de las fuerzas de oposición y de todos aquellos que quieren sembrar el caos y la zozobra en los momentos de crisis.
Si hablamos de robles en el caso de la parapolítica, podemos decir que el presidente Uribe, con su fe de carbonero y gran conocedor del campo, supo escoger muy bien a sus inmediatos colaboradores y blindarlos contra todos los bichos y animalejos raros que suelen incubarse desde la selección de sus semillas, camuflándose en los germinadores y almácigos, para finalmente ser trasplantados con apariencia de buena planta, pero que al final de la contienda resultan con graves engaños de producción y de mala calidad en sus frutos, con grave descomposición ecológica para su entorno. Aún en los sembradíos más preciosos y altamente tecnificados no faltan estas plagas que si no se fumigan a tiempo son capaces de acabar con cualquier cultivo por bien administrado y tecnificado que se encuentre.
Es común ver en la selva cuando caen ciertos arbustos de sabia poco coloquial, ramaje de mala calidad y frutos desabridos; su caída no causa ninguna alarma y su muerte pasa desapercibida. Pero, cuando cae un roble, toda la selva se estremece y los demás arbustos en sus alrededores parecen preguntarse qué ha sucedido y cuál es la causa de su desgracia. Para infortunio de nuestras instituciones democráticas, los partidos políticos y la administración pública en general, con la caída de varios robles de la dirigencia política de diferentes partidos y movimientos en los últimos meses, se ha perdido la credibilidad legislativa y la fe en los partidos políticos. Pero la imagen Presidencial y de Gobierno continúa incólume.
El huracán de la parapolítica parece que está cumpliendo esta misma simbiosis: El presidente y sus ministros hasta el presente y después de dos años de intensas investigaciones, unas por parte de la Fiscalía y otras de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia y Jueces de la República; varios senadores, representantes, gobernadores, alcaldes, diputados y concejales, vinculados con grupos paramilitares que obtuvieron su curul o elección por medio de componendas nefastas y criminales; al ser vencidos ante la justicia; han quedado mal ante la opinión pública. Pero el Gobierno continúa firme, cosechando todos los días un mayor apoyo popular a su gestión. En los actuales momentos es del 83%.
Hay que aceptar, así no lo crean los señores de la oposición, pero, el Presidente Uribe y su equipo de colaboradores, son verdaderos robles que han soportado toda calase de vendavales de diferentes corrientes tempestuosas en los dos últimos años. Los enemigos del gobierno, la oposición y organizaciones al margen de la Ley, han luchado por todos los medios por “cenar” ministro. Son varias las arremetidas que han hecho en debates para obtener la Moción de Censura de algunos de ellos, que por lo general no terminan en nada y más bien, si, va en detrimento del modelo de gestión legislativa, que, por estos hechos registra un atraso jamás visto en los anales del Congreso de la República.
Mas, gestión menos protagonismo y revanchismos señores congresistas de la oposición, el País los ha elegido de muy buena fe, para que mediante proyectos legislativos posteriormente convertidos en Ley de la República, saquen adelante sus regiones. No para que vengan a mostrarse por los canales de la televisión, en discusiones tan insulsas e inútiles que causan vergüenza nacional e indignación ciudadana.
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