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¡Martirologio infantil en Colombia!

Uriel Ortiz Soto

09 de octubre de 2018 - 09:00 p. m.

Es inaudito que sea en los propios hogares donde muchas veces los niños son víctimas de maltrato, asesinato y violaciones por parte de sus propios progenitores, hermanos, tíos y demás familiares.  

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El niño es como la bella flor, que nace con los pétalos abiertos, pidiendo a sus padres que se le ame, proteja y guíe por los caminos del bien, para en el futuro ser útil a la sociedad; pero, lamentablemente, en la sociedad en que vivimos ocurre todo lo contrario.  

Continúo insistiendo en que la ley de principios y valores debe ser el ideario para acabar con tanto flagelo social que nos agobia y entristece, desde luego que sin abandonar los procesos de delitos que se cometen a diario en nuestro país por diferentes causas: violación, maltrato, asesinato de menores, feminicidio, corrupción, entre muchas otras conductas criminales.

No existe mayor criminal de lesa humanidad que aquel individuo que para saciar sus apetitos morbosos y libidinosos acude a la frágil humanidad de un niño o adolescente, muchas veces asesinándolo para ocultar sus fechorías; lo más grave es que estos criminales se encuentran infinidad de veces en el seno de los hogares, centros educativos y entidades religiosas.

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Soy de los que creen que esta clase de bestias humanas no deben ni siquiera convivir en cárceles de alta seguridad, debería establecerse para ellos la pena de muerte, o enviarlos a un sitio de reclusión donde paguen por sus fechorías por el resto de sus vidas; por ejemplo, podría ser la reapertura de la prisión Gorgona.

La existencia de los niños, interpretada desde el punto de vista de la lógica y la razón, es la alegría del presente y la promesa del futuro; ellos son los cimientos a las sociedades del futuro, como los almácigos a las cosechas de calidad y abundancia.

La formación y educación de un niño son como la semilla que se siembra y se esparce sobre el almácigo lo suficientemente abonado, para que finalmente convertido en adulto, como el árbol, dé buenos frutos y sea útil a la sociedad.  

Nuestros círculos sociales se encuentran compungidos y atribulados, puesto que casi a diario se están cometiendo crímenes contra nuestros niños; si bien es cierto que en muchos casos son por personas desconocidas, también provienen del seno de sus hogares, donde muchas veces sus padres o demás familiares son los responsables o autores de semejantes magnicidios.    

Por ausencia de los dos pilares fundamentales: principios y valores, para construir las sociedades del futuro, está ocurriendo que las nuevas comunidades se formen sin ninguna protección social para hacer frente a los tantos delitos que hoy lloramos y lamentamos por no haberlos enfrentado a tiempo.

La sociedad colombiana se ha deshumanizado, presentes y futuras generaciones se están levantando sin ninguna defensa que haga frente a semejantes crímenes atroces que se están cometiendo en todas las regiones del país sin importar estratos sociales.

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Los niños abusados sexualmente, maltratados y muchas veces asesinados, aun dentro de sus mismos hogares por los propios padres, abuelos, hermanos, tíos y en fin todo el clan familiar comprometido con semejantes crímenes, deben ser sometidos por el ICBF a un proceso de reubicación y, lo más importante, recibir asistencia psicológica con el fin de estabilizarlos emocionalmente. 

Es vergonzoso desde todo punto de vista lo que está ocurriendo en nuestro país, es situación tan calamitosa a la cual hay que ponerle remedio de inmediato, el tiempo no da más espera, durante el año 2018 van casi 18.000 casos de niños abusados, sin contar los que no se denuncian, como por ejemplo los ocurridos en ciertos círculos de la alta sociedad, donde todos sus integrantes se cubren con el mismo manto de la maldad; o los de las áreas rurales, que por ignorancia o falta de orientación se quedan en el anonimato.

urielos@telmex.net.co

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