8 Aug 2022 - 5:00 a. m.

Elvis

Hace un año, en un momento de descenso creativo y anímico, busqué furtivamente documentales sobre artistas musicales. Quería perseguir las estelas de esas melancolías que parecen armarse, como torbellinos, en quienes conducen vidas creativas. Quería comprender algo sobre esas cadencias, sus ciclos, sobre la manera en que se sobrevive a los oleajes, sobre el modo en que del dolor parece florecer justamente arte. Entré al mundo del motown; a las trifulcas internas de Metallica; a las historias deslumbrantes de Tina Turner y Nina Simone; a las recuperadas y eléctricas imágenes en movimientos de un verano que había sido filmado pero cuyo material se había archivado, al final de los sesenta, en Harlem; reviví mi fervor por el singular David Bowie. Y llegué a Elvis Presley: The Searcher un documental de dos partes que salió al aire en 2018.

Narrado por Priscilla, la mujer primordial en la vida de el rey, las horas del filme retratan, con preciosas estampas en movimiento de su biografía, la ruta de un muchacho que, desde Tupelo, Mississippi alcanzó, en 1956, una visibilidad alucinante. El documental se mece entre escenas de las entrañas de tierras norteamericanas que primero lo vieron aparecer, súbito, en tarimas de recintos pequeños, un milagro. Las tres horas están colmadas de gloriosas documentaciones en blanco y negro de la atmósfera en que emergió. Más adelante, las imágenes serán todas tecnicolor y nos obsequiarán la espléndida e irreal belleza de ese varón, que además cantaba con honda exquisitez y que desprendía del cuerpo una sensualidad que todo lo que hasta entonces era conocido subvertía. En esas esquelas se da cuenta también de la arisca segregación racial en la que se crió. Revelan su propia precariedad material, las penurias familiares, la pobreza que conoció y cuya memoria y consciencia no pudo arrancarse. Hogares inciertos y paupérrimos. Escasez. La Norteamérica central, carcomida también por la insuficiencia. Elvis creció de esa manera, en esos lugares pequeños, rodeado de campos donde, pese a ser blanco, se encontró en las vísceras de la carencia.

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