25 Sep 2021 - 5:00 a. m.

Historia de un mapa

Weildler Guerra

Weildler Guerra

Columnista

¿Para que sirven los mapas? Los mapas, afirmó el escritor Peter Steinhart, son una forma de organizar el asombro. En una disputa territorial las partes enfrentadas pueden elaborar representaciones cartográficas disimiles de una misma superficie terrestre porque dichas representaciones también plasman intereses, relatos, metáforas e imaginaciones acerca del mundo. Tal es el caso del mapa presentado a la Corona por los Procuradores de Coro Luis Fernández de Leyva y Alonso de la Llana hacia 1533 y que recogió el cronista Fernández de Oviedo en su Historia Natural y moral de las Indias. Este mapa constituye una evidencia del primer litigio territorial de la naciente Gobernacion de Venezuela con su vecina Gobernación de Santa Marta.

El llamado mapa de los procuradores sitúa al Valle de Upar y al curso del río Cesar, que en conjunto eran llamados en ese entonces el Valle de los Pacabuyes, dentro de la gobernación de Venezuela. La población de Tamara, hoy Tamalameque, también quedaba incluida en esa jurisdicción. Las pretensiones territoriales plasmadas en el mapa mostraban que el propio nacimiento del río Grande de la Magdalena se situaba al sur del territorio venezolano, aunque no podía negarse que su desembocadura estaba en la jurisdicción de la gobernación vecina. Como ocurre con la mayoría de los mapas se buscaba que quienes tenían el poder de decidir, en este caso el Consejo de indias, pudiesen disponer de los rasgos visibles de algo que no tenían a la vista.

El interés de las autoridades venezolanas de la época provenía de la creciente importancia que adquirieron las tierras del interior del continente como se había revelado con las riquezas del Perú. El Valle de Upar y el río Cesar se mostraban como una vía clave hacia el interior dado que sobre esa ruta había discurrido el intercambio de oro y sal de los pueblos indígenas. Adicionalmente, había noticias de la existencia de un rico país indígena en las tierras altas situadas al sur. En esa intensa búsqueda el conquistador alemán Ambrosio Alfínger había muerto flechado por los nativos en 1533.

Los alemanes, que habían obtenido la Gobernacion de Venezuela y Cabo de la Vela en una capitulación otorgada en 1528, pretendían que el límite de esta se situaba en el río Yaro o de la Hacha como se conocía entonces al río Ranchería. En contraste, los de Santa Marta alegaban que el propio Cabo de la Vela constituía el límite entre ambas entidades territoriales hispanas. Los alemanes alegaron que el Valle de Upar se encontraba en línea recta justo detrás de dicho cabo. La corona no accedió a las pretensiones de los procuradores de Coro y Jiménez de Quesada se anticipó en 1538 al arribo del alemán Nicolás de Federman a la altiplanicie muisca en donde seria erigida la ciudad de Santafé.

De todo ese antiguo litigio nos ha quedado este revelador mapa y la posibilidad de imaginar a una Bogotá y a un Valledupar venezolanos. Los mapas, como ha dicho el geógrafo italiano Franco Farinelli, son parte de un modelo geográfico que no solo ha servido para describir el mundo sino también para construirlo, y para configurarlo.

wilderguerra@gmail.com

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