EL PRÓXIMO 24 DE JULIO SE CUMPLIrán 192 años de la Batalla del lago de Maracaibo.
Esta contienda naval cierra desde lo militar el proceso de nuestra independencia, pues casi cuatro años después del triunfo de Boyacá, la flota española aún estaba en condiciones de poner en peligro lo alcanzado en la lucha contra el poder colonial. La máxima figura de Maracaibo fue el general José Padilla López, un auténtico pardo en el que confluían los orígenes africanos e indígenas de sus progenitores. A Padilla no lo encontramos en los textos escolares, ni su efigie aparece en los billetes de la república, ni su imagen se encuentra en la galería de los grandes héroes de la nación; usualmente es visto como una figura menor y controvertida de nuestra historia. Es doloroso que muchos colombianos ignoren su nombre y su papel en la gesta independentista.
Este no es un caso aislado. Ha dicho la historiadora Aline Helg que las figuras militares que se habían distinguido en los campos de batalla, negros, indios, mestizos, zambos y mulatos, fueron marginadas por la misma república que habían ayudado a establecer. Padilla, afirma Helg, simboliza mejor que nadie en Colombia este proceso de ascensión en la guerra y frustración en la paz.
Padilla participó en la gran batalla naval de Trafalgar, en la toma de Cumaná en 1816, en la campaña de Casanare en 1817, en la liberación de Riohacha en 1820 y en la de Cartagena en 1821. Es dos veces senador de la República y en esa condición radica el proyecto de ley que crea la marina nacional. Bolívar lo llama entonces el hombre más importante de Colombia. Santander le escribe a Bolívar diciéndole: “Padilla es uno de los más importantes amigos del gobierno mío y más que todo lo idolatra a usted”. Este general guajiro no solo luchó por obtener la independencia de España, sino que se opuso a la preservación de las jerarquías raciales heredadas del orden colonial. Buscó la equidad social en las esferas pública y privada de los llamados “pardos” discriminados por la élite de origen hispánico. También se propuso, sin encontrar apoyo, la liberación de Cuba y Puerto Rico.
Aunque se ha intentado suprimir la figura de Padilla de la historia, su nombre y sus gestas aún perviven en la memoria popular expresada en las narraciones y cantos de acordeón en la provincia que lleva su nombre. En ese canal del pasado se recuerda como José Prudencio, además de intrépido, es un connotado mujeriego y un eximio bailador. Es el novio de Rosario Mengual, el esposo de Pabla Pérez, el amante de Anita Romero y de “la zamba jarocha”.
El fusilamiento de Padilla, por una conspiración que no dirigió, alejó definitivamente el espectro de la pardocracia en Colombia. Al final se quedó sin seguidores y solo conservó la lealtad de su hermana Magdalena Padilla. Su soledad política y amorosa evoca el Poema de Blomberg sobre los viejos marineros: “—¿A dónde partes marinero?— Al mar, al mar... las cien mujeres que me amaron/ ya todas me olvidaron, capitán...”.
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