En su artículo La gran república caribe de Simón Bolívar o el futuro que no fue, el historiador Ernesto Bassi cita una carta de Simón Bolívar a Francisco de Paula Santander, fechada en noviembre de 1819, en la que expresaba su convicción de que la guerra finalizaría pronto. En el año siguiente se iniciaría la campaña naval y terrestre para recuperar los principales puertos marítimos de la antigua Nueva Granada y se esperaban grandes noticias de la campaña en Venezuela. En dicha misiva Bolívar afirma categóricamente “Esta patria es caribe y no boba”. Bassi considera que mientras el calificativo de boba es entendible y ha sido objeto del escrutinio y la discusión por parte de los historiadores colombianos, la caracterización de la naciente república como caribe es menos descifrable.
Con miras a esclarecer el pensamiento de Bolívar cuando hacia esta afirmación Bassi plantea varios caminos. Uno de ellos es que esta caracterización pudo ser un reconocimiento tácito del apoyo que la causa republicana había recibido en el Caribe especialmente por parte de Haití. Otra posibilidad era que Bolívar vislumbrase un futuro sobre una república naciente que tendría un núcleo en el Caribe, como lo expresó en la Carta de Jamaica en 1815. En ella Bolívar expresa con vigor su voluntad, hoy percibida como utópica, de situar la capital de Colombia en el litoral: “La Nueva Granada se unirá con Venezuela, si llegan a convenirse en formar una República central cuya capital será Maracaibo, o una nueva ciudad, que, con el nombre de Las Casas, en honor a ese héroe de la filantropía, se funde entre los confines de ambos países, en el soberbio puerto de Bahía Honda”. Con relación al interrogante planteado por Bassi sobre la calificación de Colombia como una patria caribe pienso que dicho termino tuvo desde sus orígenes un carácter polisémico. Este término no siempre se reduce a una connotación geográfica. El viajero florentino Galeoto Cey en su obra Viaje y Descripción de las Indias (1539-1553) contribuyó originalmente a la etimología de los términos nativos que se incorporaron prontamente a la lengua castellana. Una de estas palabras es caribe sobre la que declara: “es un vocablo indio que significa cualquier cosa fuerte, venenosa, cruel, iracunda, como si dijereis la pimienta o alguna cosa que tuviese esa fuerza, o vinagre muy fuerte, para decirlo diríase en indio tal cosa es caribe, de cuchillo que corte bien, de un hombre extraño, arisco y cruel se diría un hombre caribe”. El término caribe, que había surgido vinculado tanto a una supuesta antropofagia como a la resistencia indígena, fue utilizado para legitimar el discurso moral que España empleó para justificar la invasión y destrucción de las Indias y a la vez personificaba la angustia y el miedo del colonizador. La naciente república a la que Bolívar alude afrontaba en sus inicios gigantescos retos políticos, militares y de disponibilidad de recursos que amenazaban su existencia. El mando republicano había aprendido las desastrosas consecuencias de las pugnas internas. Una férrea voluntad caribe era indispensable para obtener la independencia absoluta y consolidarse con vocación perdurable en el incierto escenario de las naciones emergentes de América.
Desdichadamente Colombia inició después un proceso que Ernesto Bassi ha llamado “descaribeñización” y se orientó hacia una configuración andino-atlántica que prevalece hasta hoy. Ello implicó el sacrificio de algunos futuros posibles como el concebido por Bolívar en 1815 y reafirmado en la carta de 1819. Al respecto el mexicano Tomás Pérez Vejo ha afirmado que “la historia de cada nación concreta es un cementerio de otras naciones posibles, de otras comunidades imaginadas posibles; por cada nación finalmente existente hay varias decenas de otras que se perdieron en algún momento en el camino de la historia”.