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Mientras otros países llegan a la luna, nosotros no llegamos a Puerto Carreño

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William Ospina
15 de febrero de 2026 - 05:05 a. m.
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Lo que menos podía imaginar Petro cuando hacía campaña prometiendo que en tres meses haría la paz con el ELN, es que tres años después estaría bombardeando al ELN. Y no digo esto para acusar a Petro de nada, sino para señalar cómo es de sorpresivo nuestro destino, y qué poco depende de nuestra voluntad.

Si es bien amargo comprobar que seguimos en el mismo país de toda la vida, también tiene que ser amargo para Petro comprobar que le tocó convertirse en algo que siempre había odiado: el defensor militar del establecimiento.

Una parte de ese establecimiento tiene que estar muy contenta con su manera de gobernar, que no cambia nada esencial, y hay otra que tiene que estar muy feliz porque obtendrá sus beneficios acusando a Petro de todos los males de la patria, y no solo de las corrupciones de ahora, sino del caos que arrastramos desde hace décadas y que él se ha resignado a administrar.

Pero lo que hace tan mediocre esta campaña electoral es que solo se está disputando el favor del electorado mediante dosis elevadas de retórica furiosa, mientras se prepara para una recta final en la que solo van a pesar el odio y la plata.

Preparémonos para ver sin descanso a Abelardo de la Espriella recordándonos lo malos que son Petro y la izquierda, y a Iván Cepeda recordándonos lo pésimos que son Uribe y la derecha, porque me temo que eso será todo.

No saben proponer ideas nuevas, porque lo único que hacen es disputarse una herencia. Una herencia que en los dos casos tiene algún capital y muchas deudas. El capital de Cepeda son los que odian a Uribe y los fanáticos de Petro; el capital de Abelardo de la Espriella son los que odian a Petro y los fanáticos de Uribe; y el capital de Sergio Fajardo, que desafortunadamente está jugando en la misma ruleta, se limita a ser el de los que no quieren que gane ni el uno ni el otro, y eso no basta.

Lástima grande que no haga irrupción un discurso más complejo, capaz de proponer algo por sí mismo, que brinde el desafío de un proyecto por el que valga la pena vivir y morir, que nos diga cómo industrializar el país, cómo proteger y aprovechar su biodiversidad, cómo volver al Estado responsable y eficiente, cómo salvar a la juventud del desangre al que la arrojan la ignorancia, la soledad, la falta de oportunidades y la angustia de la época. Lástima grande que ante un cuadro de rencores de aldea y de odios fríos, nadie nos haga sentir que estamos en el siglo XXI y no en el país cansado del bipartidismo sectario y estéril.

Porque la verdad es que mientras otros países llegan a la luna, nosotros no llegamos a Puerto Carreño. Mientras otros países están riesgosamente inventando el futuro, nosotros giramos en el disco rayado de una mediocridad que odiamos pero de la que no logramos escapar. Y la poca energía que encontramos en nuestras mentes y en nuestro lenguaje la malgastamos en unos discursos que por fuera de Colombia no le importan a nadie, salvo si les sirven para dominarnos.

Las guerrillas y los paramilitares, lo mismo que las mafias y la delincuencia común convertidos en verdaderos ejércitos, son el fruto final de un modelo de Estado que desamparó a todo el mundo: a los campesinos, a los medianos propietarios, a las muchedumbres urbanas, a los sectores emprendedores de las clases medias.

Hace treinta años yo decía en mi ensayo “¿Dónde está la Franja Amarilla?” que la colombiana no es una sociedad malvada sino una sociedad maltratada, y que el verdadero culpable de todo es un Estado criminal e irresponsable que criminalizó al país.

Por eso es tan malo que los que vienen a salvarnos terminen haciendo lo mismo que hicieron los otros, cayendo en las mismas corrupciones, aprovechándose de las mismas necesidades de la gente y finalmente bombardeando el territorio bajo las mismas órdenes de la necesidad o la fatalidad.

Es triste que no podamos tener un país y un continente con agenda propia, y no deja de ser agobiante este sentimiento de irrelevancia, que sin dejar de ser personal es también el de una sociedad y el de una época.

Ahora, cuando los manipuladores poderes del mundo anuncian que le van a regalar a Cuba por fin la democracia, como acaban de regalársela confusamente a Venezuela, uno se pregunta si la democracia que van a darles a esos países es la misma que tenemos en Colombia, donde la compra de votos impera desde los más humildes niveles veredales y municipales hasta las grandes elecciones del poder central, y donde hay un hilo de sangre que no deja de fluir.

Uno se pregunta si lo que van a darle a Cuba es por fin libertad y prosperidad, o más bien la única tragedia que les faltaba: el desangre de la juventud en las calles, las mafias apoderadas de todo, lo que sigue creciendo sin piedad en el resto del continente.

Porque la irrelevancia no es solo nuestra, es el mal más visible de la humanidad. El triunfo de la estadística, que es el sistema contable del gran capital, y ya solo trabaja con la viralidad. Lo importante de un mensaje no es que sea verdadero ni que mueva a la acción: basta que llegue a muchos y ocupe un instante de su tiempo. Porque al parecer ahora nada es tan importante que merezca durar más de un instante en nuestra conciencia.

Por lo pronto, los que miden la popularidad de los candidatos también son los que la administran. Una medición siempre es algo más que una medición, es también una intervención.

Y los poderes que invierten fortunas buscando que el efecto del mensaje llegue hasta el momento del voto, solo le apuestan a que de todas maneras nadie sueñe con cambiar el mundo, y que solo estén delegando el poder en nuevos administradores del caos, que muy a menudo terminan haciendo lo contrario de lo que querían.

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Tercio(53826)17 de febrero de 2026 - 10:28 a. m.
Es correcto, el estado nunca ha sido eficiente, por eso hemos estado así...
Manuel Ernesto Rodriguez Tenjo(6280)16 de febrero de 2026 - 05:14 p. m.
El discurso alternativo que reclama Ospina es el de SERGIO FAJARDO, ojalá le dedicara algún tiempito a analisarlo juiciosamente ...
  • Memo(11924)20 de febrero de 2026 - 12:08 a. m.
    Pienso igual, buen historiador pero analista político flojo
Maryi Delgado(41490)16 de febrero de 2026 - 02:59 p. m.
Vos críticas a todos los políticos y no te da vergüenza haber sido el escudero de Rodolfo. Te vendiste por el cochino dinero. Perdiste credibilidad por tu propio testimonio de vida.
Ulises20(10892)16 de febrero de 2026 - 12:21 p. m.
"Cómo volver al estado responsable y eficiente". Me quedó sonando esa frase y creo que debo repasar nuestra historia de país para hallar esa Arcadia extraviada.
Chirri(rv2v4)16 de febrero de 2026 - 05:13 a. m.
Por algo vamos a votar por Cepeda...¿No te ha dado de cuenta? Mira bien y deja de escribir embustes, pelao.
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