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Álex y Abelardo

Yesid Reyes Alvarado

27 de enero de 2026 - 12:05 a. m.

El título de esta columna es tomado de una que publicó hace varios días Ana Bejarano, en la que manifestó su parecer sobre algunos episodios de la relación entre Abelardo de la Espriella y Álex Saab. El aspirante a la Presidencia, a través de un apoderado, solicitó rectificar algunas de esas consideraciones por estimarlas “informaciones” no veraces y afirmaciones “objetivamente falsas”.

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Por despistado que sea, para cualquiera que haya leído el texto que se pretende censurar debería ser evidente que su contenido no está orientado a informar (transmitir una noticia), sino a fijar su posición sobre hechos que ya han sido difundidos. No hace falta ser un aguzado jurista para entender que, dada su naturaleza subjetiva, las opiniones no son susceptibles de ser calificadas como objetivamente falsas. Por ejemplo: sostener que la oficina de De La Espriella “jugó un cuestionable papel” en la fuga de Álex Saab, equivale a decir que hay dudas sobre la forma en que algunos integrantes de ese despacho se comportaron en ese episodio. Es verdad que por esos hechos la investigación penal contra ellos no avanzó; pero también lo es que no está terminada, sino solamente suspendida, porque la Fiscalía dispuso su archivo, una figura técnica para referirse a casos en los cuales el funcionario judicial no ha podido resolver la duda sobre si una conducta es o no delictiva. Sobre lo que no hay ninguna duda, es de que las figuras del archivo (que permite la reapertura de la investigación) y la preclusión (que acarrea su terminación definitiva) son completamente distintas.

Frente a la afirmación de que De la Espriella había sido defensor de Saab cuando este “ya era señalado públicamente como el testaferro de Maduro”, el abogado solicita a la columnista que se retracte arguyendo que no hay una sentencia judicial en firme que permita otorgarle ese calificativo a su antiguo poderdante. Este luce más como un error de comprensión de lectura que jurídico; lo que dijo Ana Bejarano fue que la percepción de que Saab era testaferro de Maduro provenía de manifestaciones que hacían abiertamente algunas personas, y no que esa condición hubiera sido ya fijada judicialmente. En lugar de pedir que se aporten pruebas que demuestren algo que jamás se aseveró, quien se siente agraviado podría intentar convencernos de que a nadie se le ha pasado por la cabeza la idea de que el sujeto a quien alguna vez defendió pudo estar involucrado en acciones de testaferrato.

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La tercera de las solicitudes de retractación es aún más extraña que las dos anteriores; se refiere a un aparte de la columna en el que se cuenta que en un libro de Gerardo Reyes escrito en 2021 se dice que Saab fue invitado a una fiesta de cumpleaños de De la Espriella. Aunque le he dado vueltas al tema, no se me ocurre cómo puede el lector de un libro rectificar su contenido. A lo mejor lo que le disgusta al quejoso es que lo haya leído; o quizás que lo haya comentado. Este episodio deja la impresión de que hay un punto en común entre sus visiones jurídica y política de la sociedad, que indica la coherencia de sus posturas: no parece alguien a quien le resulte fácil tolerar a los que no piensan como él.

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