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La paulatina generalización del término “gestores de paz” ha llevado a que se difuminen el origen y propósito de la figura. Para facilitar conversaciones que llevaran a la desmovilización de los grupos armados al margen de la ley (originalmente restringidos a los que tuvieran “carácter político”), se le confirió al Gobierno nacional la facultad de designar unos representantes suyos que pudieran entablar diálogos con delegados de esas organizaciones ilegales e incluso firmar con ellos acuerdos sobre asuntos tan trascendentales como el sometimiento a la justicia de estructuras armadas organizadas dedicadas a crímenes de alto impacto...

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