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La engañosa carrera de Snoopy

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Yesid Reyes Alvarado
24 de marzo de 2026 - 05:05 a. m.
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Bajo el nombre de “Snoopy fun run” se anunció una carrera en Bogotá que se realizó el pasado 15 de marzo, y se promocionan otras dos que sus organizadores aspiran a llevar a cabo en Medellín y Cali. A quienes se inscribieron se les ofreció la posibilidad de escoger entre varios kits (Snoopy, Woodstock, Charlie Brown), para que cada uno eligiera la imagen y tamaño de la camiseta con la que quisiera participar. En las fotos de la publicidad se anunciaba también la entrega de unos vistosos termos a juego con el kit que se separara.

Durante el segundo de los días para los que estaba programada la distribución de los kits, muchos de quienes habían pagado su inscripción (en torno a 200.000 pesos) y seleccionado el color, talla e imagen del atuendo que querían portar durante el recorrido, se encontraron con la sorpresa de que solo se estaba suministrando una camiseta (la de Snoopy) y en talla S. Ante los reclamos de los atletas, los encargados dijeron haber sido víctimas de un robo de dichas prendas, que estaban entregando provisionalmente esas, pero que luego de la competencia las cambiarían. Lo extraño del hurto es que solo se llevaron las amarillas y rojas de las tallas M y L, y no se apoderaron de las azules talla S; además, les dejaron tantas de esas pequeñas, que no solo alcanzaron para dárselas a todos los que las habían pedido, sino incluso les sobraron para repartirlas entre cientos más de quienes las habían solicitado en otras tallas y colores. Nada dijeron en cambio de la razón por la que los termos proporcionados fueron de una calidad evidentemente inferior a la prometida.

Muchos participantes se han quejado de este timo y, con razón, han solicitado la intervención de la Superintendencia de Industria y Comercio para que investigue lo que parece ser una publicidad engañosa, en especial para evitar que ocurra lo mismo en las dos carreras que ya tienen agendadas en otras ciudades en julio y octubre.

Controlar las actividades de quienes engatusan en transacciones que no involucran grandes capitales siempre es problemático, porque los afectados tienden a abstenerse de denunciar los hechos dada la escasa magnitud del daño. Y si lo hicieran, los jueces no tendrían tiempo para dedicarse a atender miles de pequeñas quejas como esas. Es lo que le ocurre a quien compra un kilo de un alimento que tiene 30 o 50 gramos menos de lo ofrecido, o al que detecta que le vendieron un poco menos del galón de combustible por el que pagó.

Para reaccionar adecuadamente ante estos comportamientos se ideó hace tiempo la figura del delito masa, que permite reunir todos esos casos insignificantes en uno solo y tratarlos como si fueran una única conducta ilícita. Así se evita forzar a las víctimas de esas pequeñas defraudaciones a reclamar judicialmente, pero se sanciona a quien consciente de esas dificultades se apropia indebidamente de enormes cantidades de dinero que individualmente casi nadie persigue. La Superintendencia detecta periódicamente asuntos como estos e impone multas; pero como estas no siempre alcanzan el monto del ilícito, dejan un margen de beneficio a sus autores sin que casi nunca se los investigue penalmente.

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