DE CUANDO EN CUANDO EL TEMA de la legalización de la marihuana toma vigencia debido a las más variadas situaciones coyunturales, como la próxima realización de un referendo en California.
Los argumentos que se esgrimen en uno y otro sentido no han variado mucho en las últimas décadas, por lo que el desarrollo de la discusión es previsible; la única incógnita real es el momento en el que su comercialización y consumo serán lícitos.
Los cuestionamientos que se han hecho a la propuesta californiana son muy fuertes desde el punto de vista lógico, pero no van a conducir a la genérica despenalización de la droga a corto plazo, porque el problema desborda el ámbito de la lógica. Si el referendo se aprueba y mantiene su vigencia pese a la anunciada oposición del gobierno federal, la contradicción entre la circulación libre de la marihuana en parte del territorio norteamericano y su combate policivo-jurídico en países productores resultará insalvable.
Sin embargo, no creo que eso lleve de manera directa a la descriminalización de la producción, tráfico y consumo de drogas. Lo más probable es que se empiece a profundizar en las diferencias que existen entre la marihuana y sustancias como la cocaína o la heroína, como ya se ha hecho antes. Si el debate siguiera por buen camino, es factible que la comunidad internacional pueda llegar a la conclusión de que la persecución penal al consumo de cannabis no es razonable, porque sus efectos nocivos no son muy superiores a los del alcohol o el cigarrillo. Pero a partir de ese razonamiento también es de suponer que se cierren filas en torno a la necesidad de mantener una política represiva respecto de drogas más fuertes como la cocaína, cuya peligrosidad —se dirá— justifica la intervención represora del Estado.
Aun cuando algunos podrían ver en esa hipotética legalización parcial un triunfo de los países productores frente a los consumidores, lo cierto es que tendría las mismas consecuencias de toda victoria tardía. Legalizado el uso de la marihuana, los países en los que su consumo está creciendo (como el nuestro) van a necesitar abastecer esa demanda interna y tendrán que hacerlo sometidos a leyes más estrictas que las penales: las del mercado. Después de años de exitosa represión en Colombia, los cultivos de marihuana son muy inferiores en extensión a los que habría en territorio norteamericano y se escucha con frecuencia que incluso la calidad de nuestra legendaria cannabis ha disminuido frente a la producida en California. Esos detalles, unidos a la gran capacidad de producción y distribución que podrían tener las empresas estadounidenses que se dedicaran a la producción y distribución legítima de la yerba, nos convertirían en importadores de la misma para satisfacer por lo menos parcialmente la demanda nacional.
Por eso creo que el debate sobre la legalización de las drogas debe abordarse en ámbitos que exceden los de la simple lógica. Una tal decisión es inviable si no hay un consenso internacional al respecto; y ese acuerdo de voluntades no va a depender solamente de argumentos éticos o político-criminales, sino también de consideraciones político-económicas.