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¿Regularizar las drogas?

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Yesid Reyes Alvarado
04 de octubre de 2022 - 05:30 a. m.
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De vez en cuando se alzan voces en Colombia en favor de la legalización o regularización de las drogas de uso ilícito como la única o mejor forma de superar los inconvenientes que ellas generan.

La guerra lanzada por Nixon respondía a un esquema muy simple: la gran amenaza eran las drogas naturales (básicamente marihuana y cocaína) y el mundo se dividía entre productores y consumidores. Hoy ninguna de esas variables es cierta. Según datos de la ONU, en el orbe hay cerca de 345 millones de consumidores, de los cuales solo el 6 % lo son de cocaína, mientras el 88 % lo son de marihuana, opioides y anfetaminas. El uso de cannabis para fines recreativos y medicinales está regulado desde hace muchos años en varios países de Europa, en casi todo Estados Unidos y Colombia ha comenzado a transitar el mismo camino. Los opioides y las anfetaminas, utilizados por cerca de la tercera parte de los consumidores de drogas de uso ilícito, suelen corresponder a medicamentos producidos por laboratorios oficiales con propósitos farmacológicos, cuya fabricación y distribución ya está regulada en casi todas las naciones. Sin embargo, el acceso ilegal a esas sustancias produce el 50 % de las afectaciones que sufren los consumidores de drogas de uso ilícito y el 70 % de las muertes que sobrevienen entre ellos, mientras la cocaína lleva a esas consecuencias en el 4 % de los casos.

Estas cifras muestran que ni el número de consumidores ni el de los daños asociados a su uso obedecen a la falta de normas que reglamenten su producción, distribución y empleo, sino que ocurren pese a su existencia. No es que esté mal proponer que haya una reglamentación sobre la coca y la cocaína, pero se debe ser consciente de que eso solo afecta al 6 % de los consumidores. Es un error creer que la preocupación central de todos los gobiernos es la cocaína y que los países se volcarán en masa hacia su regularización olvidándose de que la mayoría de los consumidores lo son de la marihuana, los opioides y las anfetaminas, y que estas dos últimas producen el 70 % de todas las muertes por consumo de drogas de uso ilícito.

Uno de los logros más importantes de la Asamblea Extraordinaria de Naciones Unidas, convocada para 2016 por iniciativa de Colombia, Guatemala y México, fue el reconocimiento de que cada país debe interpretar las convenciones internacionales sobre drogas de acuerdo con su propia realidad. Tenemos que ser conscientes de que la cocaína no es el gran problema de las drogas en el mundo, aunque sí lo sea en Colombia; a su vez, nuestra mayor inquietud no es su consumo —que sigue siendo bajo— ni las grandes organizaciones criminales dedicadas a su distribución, que ya se desplazaron hacia Centroamérica.

Nuestro principal reto son las plantaciones de coca, cuyas enormes extensiones no han logrado ser disminuidas de manera sensible a través de la erradicación forzosa. Por eso debemos concentrarnos en su solución, que pasa por el fortalecimiento de los programas de sustitución de cultivos de uso ilícito a través de una intervención integral del Estado, en lugar de recomendarle a la comunidad internacional que regularice lo que ya en una gran proporción está regularizado.

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