24 Oct 2021 - 5:30 a. m.

Dragando el pasado

El legado más importante del presidente Iván Duque, hasta ahora, es que cualquier persona se cree calificada para ocupar el máximo cargo de Colombia. Lamentable. Por eso la actual baraja de candidatos es tan variopinta como irrisoria o poco creíble, con algunas excepciones.

El más reciente anuncio fue el del exministro Mauricio Cárdenas, quien oficializó su precandidatura presidencial levantando la bandera de la unidad, incluso con “quienes piensen distinto”, porque, de lo contrario, “los problemas nos estallarán en la cara”.

Suena a tarjeta de Timoteo el discurso de lanzamiento de su plataforma.

Cárdenas hizo su anuncio el jueves pasado en el marco del Congreso de la Asociación Colombiana de Minería que se realizó en Cartagena. Fue tan poco relevante que muy pocos medios dieron importancia a la noticia.

Pues retomémosla acá para dragar un poco sobre su pasado. Para eso toca dejar claro que es imposible hablar de Mauricio Cárdenas sin empezar por el escándalo de Dragacol, que se conoció en marzo de 1999 a raíz de las denuncias del senador de Bolívar Javier Cáceres Leal, quien posteriormente fue condenado por parapolítica.

Una de esas historias sin héroes.

Pero volvamos. Las denuncias de Cáceres en el Congreso señalaban que la firma no cumplió con los contratos para la ejecución de dragados en el canal de acceso a los puertos de Barranquilla, el río Magdalena y lo mismo en el puerto de Buenaventura.

La firma argumentó que la parálisis de la draga Josefina se debió a daños en la embarcación, los cuales no pudieron ser reparados porque estos debían ser cubiertos por el Ministerio de Transporte.

Todos se echaron la culpa.

Lo interesante es que el congresista liberal dejó al descubierto irregularidades en la conciliación por $26.000 millones entre el Ministerio y la empresa Dragacol, firmada el 6 de noviembre de 1998. El exministro Mauricio Cárdenas fue quien firmó esa polémica conciliación.

Se comprobó que se pagó la bicoca de $1.224 millones, de ese monto de $26.000 millones, por concepto de lucro cesante por la draga Josefina, que supuestamente estaba embargada. Ahora bien, después se supo que la máquina estaba ejecutando otro contrato en Cartagena. Esos más de $1.000 millones se pagaron sin ninguna justificación.

De acuerdo con la Fiscalía General de la Nación, en la conciliación se cometieron anomalías que perjudicaron las finanzas del Estado, por lo cual se dictó medida de aseguramiento contra once implicados. Sin embargo, fue hasta el año 2000 que a Cárdenas se le acusó de peculado culposo por esos hechos.

Posteriormente el Consejo de Estado ordenó a la firma restituir a la Nación más de $13.000 millones que el Ministerio de Transporte pagó en exceso a Dragacol por los controvertidos contratos, sosteniendo que la conciliación suscrita entre ambas partes vulneró “el derecho colectivo a la moralidad administrativa y a la defensa del patrimonio público”.

Por los contratos, sobre los que se exigían más de $26.000 millones, el Estado alcanzó a desembolsar a la firma $17.600 millones. Los dineros restantes quedaron congelados luego de que estallara el escándalo. Aunque Cárdenas, posteriormente, fue absuelto de su responsabilidad penal, existe una responsabilidad política latente ya que, según el Consejo de Estado, el valor real que se debió reconocer por los hechos jamás debió exceder los $4.000 millones.

Se le fue la mano al ahora precandidato presidencial. Por la bicoca de $13.600 millones de hace 20 años.

Existen otros sectores que establecen que a Cárdenas también se le fue la mano con la subida del IVA al 19 %. Aumento de tres puntos en una reforma tributaria que se justificó justo para evitar lo que posteriormente ocurrió: que las firmas bajaron la calificación de riesgo de Colombia.

Finalmente, está la utilización del cargo de ministro de Hacienda para elevar su perfil político, gracias al poder de manejar caprichosamente la chequera del presupuesto público: lo que después bautizaron como mermelada.

Lo cierto es que los congresistas no paraban de buscar una cita en el despacho de Cárdenas con el fin de conseguir apoyo financiero para proyectos en sus regiones. Todos los demás ministerios necesitaban su visto bueno para desarrollar sus planes. Cárdenas resultó igual que Alberto Carrasquilla y Juan Carlos Echeverry, ministros que se pintaron como tecnócratas pero que en realidad terminaron siendo politiqueros con intereses políticos muy personales.

Pese a tener experiencia en cuatro ministerios diferentes, con tres presidentes distintos, que es mucha más experiencia y talante que otros candidatos, la verdad es que la hoja de vida de Mauricio Cárdenas tiene unos lunares protuberantes que no se pueden ignorar.

A la hora de elegir presidente, no deberíamos estar dejando pasar por alto esas cosas. Pero la mayoría de los candidatos actuales lo único que ofrecen es eso: resignación por, una vez más, tener los colombianos que remover mermeladas, repasar malas calificaciones, desempolvar mensajitos de Timoteo y rememorar Josefinas. En resumen, escoger entre lo menos malo.

@yohirakerman, akermancolumnista@gmail.com

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