8 Aug 2021 - 5:30 a. m.

Parajusticia

Yohir Akerman

Yohir Akerman

Columnista

El uribismo continúa con un esfuerzo organizado para seguir creando una historia del país paralela, que desconoce los delitos cometidos por funcionarios de los gobiernos del mandatario Álvaro Uribe Vélez. A la misma vez, una justicia a la medida para esto. Y no solo los delitos cometidos por sus funcionarios, sino también por el mismo imputado expresidente.

Ese ha sido el caso con el general en retiro del Ejército Mario Montoya Uribe, en el que la velocidad y contundencia de la investigación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ha hecho que se mueva su proceso en la Fiscalía. Caso que hasta ahora dormía su suerte en el anaquel del olvido.

La JEP, encargada de juzgar los hechos más graves ocurridos en el marco del conflicto armado, imputó la semana pasada a otros 15 militares por crímenes de guerra y de lesa humanidad. Fueron 127 asesinatos en la costa Caribe, como parte del proceso de “falsos positivos”, como se conoce a los asesinatos de civiles por parte de uniformados para presentarlos como guerrilleros caídos en combate.

Pocos días después de la decisión de la JEP y ante la contundencia de la evidencia y los hechos, el fiscal general, Francisco Barbosa, se vio obligado a anunciar que imputará a Montoya por 104 ejecuciones extrajudiciales, como entonces comandante del Ejército de Colombia durante los años en que se produjeron la mayoría de los falsos positivos.

Un poco de contexto.

El expresidente Uribe nombró en febrero de 2006 al general Montoya Uribe, quien fue uno de los cerebros de la Operación Orión en Medellín, ocurrida entre el 16 y 19 de octubre de 2002. La Operación Orión no fue para rescatar a Medellín de la delincuencia, sino una cadena de crímenes que se ejecutaron bajo la declaratoria del estado de excepción. En ella, militares dirigidos por Montoya patrullaron y asesinaron en conjunto con los paramilitares del Bloque Cacique Nutibara, con la justificación de combatir a las guerrillas.

De acuerdo con la Corporación Jurídica Libertad, hubo 80 civiles heridos, 17 homicidios cometidos por la Fuerza Pública, 71 personas asesinadas por los paramilitares, 12 personas torturadas, 92 desapariciones forzadas y 370 detenciones arbitrarias.

Eso, solo para hablar de una de las operaciones famosas de Montoya. Pero se pueden recordar otras.

El 2 de mayo del 2002, un cilindro bomba cayó dentro de la iglesia de Bojayá, en Chocó, donde los habitantes se protegían de un horrible enfrentamiento entre la guerrilla y las Auc. El hecho ocasionó la muerte de 119 personas, dos de ellas después del ataque, y el desplazamiento de casi 6.000 civiles.

Como he dicho antes en esta columna, este fue uno de los ataques más sangrientos y violentos de la guerrilla de las Farc y su actuar siempre será imperdonable y tenido en la memoria. Pero no solo el de los guerrilleros.

Cuando Mario Montoya, entonces comandante de la Cuarta Brigada del Ejército, llegó a la zona un día después de la masacre y vio la cantidad de periodistas, mandó a uno de sus oficiales a comprar unos zapatos de bebé.

Como si la devastadora escena no fuera suficientemente escalofriante, Montoya, ante una de las cámaras, sacó uno de los zapaticos y antes de la entrevista comenzó a llorar. Como un dato aparte, esas mismas cámaras lo grabaron después, casual, dando órdenes a sus oficiales, rodeado de paramilitares y en completa coordinación con ellos. (Ver Video conocido en 2010).

Esa no fue la única vez que Montoya trabajó en coordinación con los paramilitares. O que inventó supuestas víctimas, ya que, peor aún, también creó falsos guerrilleros que eran tan solo jóvenes civiles.

El 7 de febrero de 2008, Darvey Mosquera y dos amigos salieron del municipio de Pradera, Valle, con la idea de conseguir un trabajo que les había ofrecido un soldado. En el camino fueron detenidos por otros miembros del Ejército que les dispararon.

El cuerpo de Darvey, hijo de la señora Alfamir Castillo Bermúdez, apareció después en una fosa común usando un uniforme camuflado, con botas pantaneras. Fue presentado como “guerrillero muerto en combate”. Los autores eran miembros del Batallón 57 del Ejército.

Es importante resaltar que la señora Alfamir Castillo ha dejado constancia verbal, en una de las audiencias contra Montoya, de que ha recibido amenazas de muerte para no declarar dentro del proceso.

Lo mismo pasa con otro importante testigo. El señor Robinson González del Río fue coronel del Ejército hasta 2014 y actualmente ha recibido amenazas de muerte. González del Río fue condenado en segunda instancia a 37 años de prisión por su participación en el asesinato de dos jóvenes en la vereda Trocaderos del municipio de Neira en septiembre de 2007, como parte de los falsos positivos dirigidos por Montoya Uribe.

También sucede con el paramilitar Adolfo Guevara Cantillo, conocido en el mundo en el mundo del crimen organizado como 101, quien recibió amenazas por sus declaraciones en contra de Montoya.

Y no es sorpresa. En una entrevista con el periodista Gonzalo Guillén, alias 101 dijo que “el general Mario Montoya es el mentiroso más grande que puede existir y yo pienso que la vergüenza más grande para el Ejército porque, si bien nosotros como como oficiales hicimos muchísimas operaciones, hicimos muchísimas actividades de pronto convencidos de una causa, él la hizo por dinero, y a él le pagaban, él tenía su sueldo y él todo lo hacía por dinero, todas sus actividades entre la organización fueron por dinero y lo puedo decir porque yo tengo la fortuna de haber sido militar, pero también la gran fortuna de haber pasado posteriormente a las autodefensas y conocer muy de cerca, muy bien que era lo que se manejaba dentro”.

Pese a todo esto, el expresidente Uribe y todo su aparato de defensa paralela de justicia, o parajusticia, siempre han defendido a Montoya y establecido que es un héroe, nada más ni nada menos. Pero es mutua la admiración. Montoya condecoró al expresidente Uribe el 7 de agosto de 2008, en plena época intensa de falsos positivos, con el Bastón de Mando, “como una forma de reconocerlo como un líder que ha dado ejemplo y ha aportado a las Fuerzas Armadas con sus conocimientos”.

Pocos meses después, el 4 de noviembre de 2008, Uribe elogió a Montoya tras su renuncia a la comandancia del Ejército, aunque todo demostraba que era el motor de los falsos positivos.

“El general Mario Montoya es un ser excepcional en aquello del ser que busca la eficacia operativa sin perder de vista la transparencia. Algunos equivocadamente creen que para ser eficaz hay que violar la transparencia, el general Mario Montoya ha entendido siempre que la eficacia tiene que ir acompañada de la transparencia y otros equivocadamente creen que para ser transparente hay que renunciar a ser eficaz y dejar que simplemente pasen los años en las Fuerzas Armadas sin combatir a los terroristas para salvar a una apariencia de transparencia, el general Mario Montoya no es eso, el general Mario Montoya ha sido una equilibrada combinación de eficacia y de transparencia”. (Ver Video).

Así de excepcional y equilibrada es su combinación entre eficacia y transparencia, que en una audiencia del 13 de febrero del 2020 el general Montoya dijo que los falsos positivos ocurrieron porque los soldados a su mando, que prestaban el servicio militar eran de estrato 1 y 2 entonces no entendieron sus ordenes. “Pues esos muchachos ni siquiera sabían cómo coger cubiertos ni cómo ir al baño, entonces no entendieron la diferencia entre resultados y bajas, y por eso cometieron estos hechos”.

Qué indolencia, descaro y, especialmente, ¡qué mentira!

Para demostrar la falsedad de sus palabras siempre están los documentos, que están en poder de la Fiscalía hace varios años. Uno de ellos es la orden del día N. 073 del miércoles 5 de abril de 2006, firmada por el comandante del Batallón de Ingenieros Pedro Nel Ospina, en Bello, Antioquia. Allí se establecieron las tareas cotidianas en esta unidad castrense y sirven para entender la distorsión que tenía Montoya entre el bien y el mal.

La “orden de carácter permanente”, que eran las recomendaciones del general Mario Montoya, entonces comandante del Ejército, contenía 28 “políticas” que debían ser tenidas en cuenta no sólo allí, sino en las unidades militares de todo el país.

Entre ellas se destacan frases como “los comandantes se evalúan por sus resultados” y “las bajas no es lo más importante, es lo único” (sic), que impusieron alta presión a las tropas y generaron una práctica sistemática de asesinatos de civiles, para hacerlos pasar como “dados de baja”, y con ello lograr beneficios personales. Entre los que estaban ascensos, recompensas, permisos y viajes de placer.

Lo único excepcional de este personaje es su manera de volverse una máquina de muerte de civiles indefensos. Todo un asesino excepcional.

@yohirakerman, akermancolumnista@gmail.com

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