6 Jun 2021 - 3:00 a. m.

Y ahora, ¿quién podrá defendernos?

Yohir Akerman

Columnista

La crisis actual ha mostrado que los funcionarios nombrados en las diferentes entidades no tienen ni el conocimiento, ni la experiencia para manejar sus carteras. Un ministro del Interior que desconoce lo que pasa en el interior del país, un ministro de Justicia que no entiende el concepto básico de la justicia, un ministro de Defensa que cree que su labor es únicamente la defensa de las Fuerzas Militares y no la de la población, y así sucesivamente.

Personajes que no daban ni para ser viceministros, pero ahí están manejando esas carteras. Lo mismo ha sucedido con los entes de control, donde el presidente Iván Duque ha ternado y usado todo el peso del Gobierno para sacar nombramientos de funcionarios que nunca debieron quedar en esos puestos.

Es el caso de la procuradora general, Margarita Cabello, quien fue ministra de Justicia de Duque y que, pese a no entender esa cartera, ahora no se dedica a investigar funcionarios públicos sino a defenderlos. O Francisco Barbosa, que en la Fiscalía es un personaje irrisorio persiguiendo a los enemigos del gobierno, todo desde los micrófonos de la egolatría y la vanidad.

Pero uno de los peores y más preocupantes ejemplos de esto es el señor Carlos Ernesto Camargo Assis, actual defensor del Pueblo.

Camargo es exmagistrado del Consejo Nacional Electoral, elegido por el Partido Conservador y el Centro Democrático. Es responsable de archivar la investigación en contra de Óscar Iván Zuluaga, por la presunta entrada de dineros de Odebrecht a su campaña.

Al final de su periodo, los artífices del archivo de la investigación en favor de Zuluaga salieron favorecidos en el gobierno de Iván Duque. Mermelada de Assis, podría llamarse. Al exmagistrado Felipe García Echeverry lo nombraron embajador en Bruselas y Camargo Assis salió para la Federación Nacional de Departamentos y después para la Defensoría del Pueblo.

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Cuando este funcionario fue elegido en su cargo el 1° de septiembre de 2020, declaró que su único compromiso era defender los derechos humanos. Pero para defender algo hay que entenderlo, o por lo menos saber de qué se trata.

Claramente el presidente Duque ternó a Camargo sin preocuparse si conocía del tema de derechos humanos. O, peor aún, no le preocupan a la Presidencia los derechos humanos. Entonces dejó llegar al puesto, por medio de favores políticos, a alguien que no tenía el conocimiento de lo que iba a hacer, violentando la autonomía que debe tener ese importante cargo.

Y el resultado es visible. La violencia ha venido aumentando no solo por el paro, sino por las masacres, decapitaciones, violaciones de derechos humanos por parte de agentes estatales, es decir, todo un reto para una Defensoría del Pueblo.

En esto no se puede olvidar cuando, durante el segundo día del paro, la emisora W Radio descubrió que el defensor Camargo se encontraba, muy tieso y muy majo, en Girardot veraneando con su familia mientras el país empezaba a desmoronarse.

O el episodio el pasado 10 de mayo —que quedó grabado en video— cuando abandonó una reunión con las comunidades indígenas del Cauca, que se encontraban en la asamblea de la comisión política de organizaciones sociales con representantes del CRIC, negritudes y el congreso de los pueblos, entre otras. Todo porque no entendía de los temas que le estaban hablando, ni quería atender las denuncias de los líderes, requisito fundamental de su cargo.

Finalmente, la falta de rigor en las cifras de esa entidad. Y los contratos que ofrece y reparte desde la Defensoría, a diestra y siniestra, como lo hizo cuando estaba en la Federación de Departamentos, privilegiando a exmagistrados del Consejo de Estado, a familiares de personas cercanas y renombrados políticos que podrían favorecer sus propios intereses. Pero ese es tema para una columna e investigación aparte.

Lo que es claro es que solo se han necesitado ocho cortos meses para desdibujar la figura de la Defensoría del Pueblo, generando que se ataquen a otros funcionarios de esa entidad que sí defienden los derechos humanos y sí entienden que su labor es acompañar a las comunidades en medio de estas confrontaciones y del conflicto armado.

Por consiguiente, un vacío en una labor esencial en esta coyuntura, en la que finalmente sufren los derechos humanos de ese pueblo que Camargo no sabe defender. Una realidad vigente no solo en esa entidad y que, de nuevo, se debe a la falta de experiencia del Gobierno y al ejercicio del poder del presidente Duque, al ternar y nombrar en las entidades más relevantes a funcionarios que no tienen el peso ni la experiencia para ocupar esos cargos. Una situación que deja a la sociedad preguntándose… y ahora, ¿quién podrá defendernos?

@yohirakerman, akermancolumnista@gmail.com

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