21 Nov 2021 - 5:30 a. m.

Yo Mattos, tú matas

Bienvenido el empresario Carlos Mattos a la justicia colombiana. Bienvenido a que responda por los probados sobornos que les pagó a varios funcionarios judiciales, entre ellos al juez Reinaldo Huertas, con el fin de que éste lo beneficiara en un litigio. Pero también bienvenido a que responda por un tema desconocido, y es la presunta financiación a grupos paramilitares, cosa por la cual la justicia colombiana aún no lo ha imputado. Bienvenido.

Para eso una explicación. El 30 de noviembre de 2017 el ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso pidió cupo en la Justicia Especial para la Paz (JEP), ofreciendo decir toda la verdad sobre varios temas y reiterando su compromiso con las víctimas del conflicto armado.

Mancuso ofreció contar lo que ocurrió en torno a la historia del conflicto paramilitar para ser aceptado en la JEP. Aunque este tribunal decidió rechazarlo, la presidenta de la Sala de Reconocimiento dejó claro que podrían llamar a Mancuso para que colabore voluntariamente y no como sujeto de la justicia transicional, algo a lo que el exparamilitar no se ha negado.

Pues vale la pena que le peguen su llamadita, ahora que Mattos está en Colombia, después de haber sido extraditado desde España.

Empecemos.

Como se ha dicho en esta columna, en su extensa solicitud a la JEP, Mancuso habló, entre otras cosas, de la supuesta relación del extraditado empresario con las Autodefensas. “Como ocurrió con el caso del señor Carlos Mattos, de la Hyundai, son varias las empresas nacionales y multinacionales que se vieron beneficiadas inicialmente con nuestro actuar”.

Para entender esto, hay que ir más atrás. De acuerdo con testimonios que el mismo Mancuso realizó durante las versiones libres previstas en el proceso de negociación de Justicia y Paz, Mattos habría entregado cuatro vehículos anuales a frentes de las autodefensas para apoyarlos en su causa. Cuatro camionetas Hyundai al año. Cuatro.

No es poca cosa, si calculamos que las Autodefensas Unidas de Colombia se consolidaron de manera centralizada en 1997, su presencia en el territorio experimentó un crecimiento sin precedentes durante los diálogos de paz que tuvieron lugar en el gobierno de Andrés Pastrana, para posteriormente desmovilizarse en 2003. Entonces fueron cuatro vehículos por cerca de cinco años, es decir 20 camionetas. Más o menos.

Si tomamos que cada camioneta Hyundai del momento costaba en promedio unos $30 millones de pesos de la época, por 20 vehículos, nos da un apoyo aproximado por bajito de $600 millones de pesos.

Es matemática simple, pero también delincuencia pura la de Carlos Mattos en su apoyo a los paramilitares.

Sigamos.

La organización Indepaz realizó en diciembre de 2008 un informe titulado “Paraeconomía y narcoparamilitares”. Ahí se estableció un listado de empresas que han apoyado a las Autodefensas y se encuentran contenidas las acusaciones de financiación y pago de dádivas a los paramilitares por parte del empresario Carlos Mattos.

En el listado se confirma el vínculo y el pago de los cuatro carros al año por parte de Carlos Mattos, como dueño de la importadora Carmattos, en apoyo al Bloque Norte de las Autodefensas.

Ese horrible registro fue confirmado por versiones de Salvatore Mancuso Gómez y Raúl Emilio Hazbún, comandantes de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá.

No solo viene de boca de Mancuso y de Hazbún la relación de Mattos con el paramilitarismo. Este hecho también fue confirmado por el paramilitar Jesús Ignacio Roldán Pérez, alias Monoleche, quien añadió que además de los vehículos, el bloque se reunía en la finca “El Guamo”, de propiedad de Mattos, para discutir temas de estrategia. Es decir, fuera de los vehículos, también hubo hospedaje. Todo un apoyo logístico el de Mattos.

Estas declaraciones permitieron que las autoridades desarrollaran una lista de empresarios que conformaban la llamada “Paraeconomía”.

Según un informe del 18 de mayo de 2014, suscrito por el investigador Daniel Enrique Gómez Romero, que fue incluido en la sentencia en contra de Monoleche, desmovilizado del bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia: “los ganaderos Jorge Gnecco Cerchar, Carlos Mattos, Pepe Castro y Uber Rodríguez financiaron el Bloque Norte de las autodefensas. No solo acordaron con Salvatore Mancuso la creación de un grupo paramilitar en Valledupar, sino que los hombres de éste se asentaron en la finca El Guamo, de propiedad de Mattos, el 20 de septiembre de 1996″.

La Fiscalía ha informado que, después de esa declaración, se compulsaron copias de las versiones de Monoleche contra los mencionados ganaderos y empresarios, entre los que se encuentra Carlos Mattos. Sin embargo, no se tiene información sobre el estado actual de las mismas y las investigaciones en la Fiscalía duermen el sueño de los justos.

Terminemos.

En su arribo a Bogotá, tras ser extraditado desde España la noche del miércoles, Carlos Mattos no parecía el poderoso y ostentoso empresario que antes salía en las revistas mostrando sus lujosos bienes.

No.

Ahora parecía un loquito esquizofrénico que repetía “me trajeron para matarme. En Colombia me quieren matar”. La verdad es que lo trajeron para responder ante la justicia por sobornar a varios funcionarios judiciales y también debería responder por todo el apoyo logístico que en su momento le dio a los paramilitares. Esos sí que mataron gente en Colombia, y todo indica que el apoyo de Mattos lo facilitó. En resumen, la historia es: yo Mattos, tú matas, pero ahora solo repite que lo quieren matar.

@yohirakerman, akermancolumnista@gmail.com

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