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22 Sep 2022 - 5:30 a. m.

Cuando las mujeres se levantan

¿Se imagina que una policía de la moral pudiera revisar en la calle la manera como usted se viste? ¿Se imagina que se ordene su detención porque esa vigilancia considera que algo de lo que lleva puesto no se ajusta al canon establecido? ¿Se imagina que eso termine en su muerte? Es la historia de Mahsa Amini, de 22 años. Murió en Teherán, después de haber sido detenida por no tener bien puesto el velo que están obligadas a llevar las mujeres en Irán. Su pecado: se alcanzaba a ver un mechón de su cabello. La joven murió bajo custodia de la policía y el caso ha desatado una ola de indignación y protestas que ya ha dejado otras víctimas. Las mujeres, esta vez en Irán como ha pasado en otros lugares, se levantan, protestan y reclaman sus derechos que han sido arrebatados por siglos.

Aunque la policía argumentó que Mahsa murió por un ataque cardíaco, su familia desmiente que tuviera una enfermedad y los miles que protestan por su muerte denuncian que fue víctima de agresión por parte de la policía mientras estaba detenida. Después de su muerte, las calles se llenaron de mujeres sin el velo, las redes sociales mostraron a muchas que se cortaban el cabello en otra manera de protestar por esta muerte y por la presión constante que pesa sobre ellas. En este lado del mundo, en donde todavía damos muchas batallas por los derechos de las mujeres, tal vez no alcanzamos a entender la magnitud de lo que se vive en aquellos lugares en donde aún los mínimos derechos no se reconocen, no existen y no tienen amparo legal. Mujeres obligadas a cubrirse, mujeres que no pueden salir solas a la calle, mujeres que no pueden decidir sobre sus vidas, mujeres que pueden ser golpeadas y asesinadas por un velo o por cualquier razón, mujeres a las que culpan por haber sido violadas. Al margen de lo que digan una religión o una cultura, los derechos humanos de las mujeres se deben respetar.

Esta batalla que dan hoy en Irán esas mujeres valientes que se exponen a prisión, a represión, a golpes y a la muerte es la batalla de todas. Es la que dieron hace décadas las sufragistas, la que han dado y siguen dando las feministas reclamando con fuerza y hasta con sangre cada conquista lograda. Esa batalla nos debe convocar a todas, nos debe acercar, nos debe hacer una, porque mientras en el mundo queden lugares en donde no se respeten los derechos de las mujeres, eso nos agrede a todas.

La triste muerte de Mahsa se convirtió en símbolo del horror que viven en el día a día miles de mujeres. Su imagen y su nombre se multiplican y desde Irán las mujeres reclaman apoyo para lo que se ha empezado a llamar la revolución de las mujeres. Al momento de escribir esta columna seguían las protestas que se prolongaron por varios días y seguía también la represión. Muchas fueron detenidas y golpeadas. También se informaba de la muerte de varias personas en esas movilizaciones respondidas con violencia.

Las imágenes que quedan para la historia son impactantes: la fotografía de Mahsa en el hospital, la de una mujer parada en el capó de un carro que sostiene un palo y en la punta de él ondea su velo encendido en llamas mientras alrededor otras lo agitan al aire desafiando la norma que prohíbe quitárselo, la de una joven con el pelo pintado de verde que le planta cara a los policías que la rodean, la de una fogata hecha de velos alrededor de la cual bailan las mujeres retando todas las normas absurdas. En los rostros de las que deciden no solamente retirarse el velo sino cortarse el cabello se nota rabia, desesperación, dolor. Los mechones caen de manera desordenada y mientras las veo me siento conectada a ese mar de indignación y me pregunto cuánto tiempo más debe pasar para que las mujeres, todas las mujeres, en todos los países, en todos los lugares del planeta, tengamos los derechos que nos han negado. Irán nos convoca hoy a todas.

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