La confianza en las instituciones va de la mano con la confianza en las personas que las encarnan, pero siempre hay que proteger esas instituciones a pesar de los errores humanos. El registrador Alexánder Vega, hoy en el ojo del huracán, generó muchos interrogantes desde el momento en que fue nombrado. Después, con sus actuaciones y declaraciones incrementó esa desconfianza. Con los errores en el diseño de formularios, la deficiente capacitación de los jurados, la tardanza en atender reclamos, sus salidas fallidas, entre muchos otros problemas, ha generado delicados momentos de incertidumbre para la democracia. A pesar de eso, la institucionalidad se sostiene y responde: con el escrutinio se han corregido errores, con la Comisión Nacional de Garantías Electorales se llegó a un acuerdo para avanzar en ese proceso y no dar el salto a un reconteo general de votos sin una logística clara y con interrogantes sobre su reglamentación. El ambiente político está muy enrarecido y debemos insistir en el camino de proteger la democracia y respetar las reglas de juego que tenemos para las elecciones.
Es precisamente en los momentos difíciles cuando se miden los países, las instituciones y los liderazgos. Es demasiado lo que está en juego y no puede prevalecer el interés politiquero ni la calentura. Necesitamos garantizar por todas las vías posibles que la decisión que los colombianos tomaron y tomarán en las urnas se respete por encima de todo. Aquí medimos la fuerza de la institucionalidad porque es cuando las personas que manejan el Estado y las que tienen liderazgo público deben tomar decisiones pensando en el país.
No hay confianza en el registrador, pero debe haberla en la democracia y en la decisión que tomen los ciudadanos con su voto. La pregunta entonces es: ¿cómo se puede mantener esa confianza en el proceso electoral? ¿Cuál es el mejor camino para que el país tenga de nuevo certeza sobre la decisión que toma en las urnas? Vendrán otros debates porque todo esto que pasa con las elecciones de Congreso es el telón de fondo de la recta final de una campaña presidencial. Me pregunto si Colombia necesitará más apoyo de los observadores independientes para ayudar a generar mayor confianza. En todas las elecciones hay delegaciones internacionales y organizaciones no gubernamentales que hacen veeduría más allá de los partidos. La Misión de Observación Electoral ha venido cumpliendo un papel importante. Expertos académicos han ayudado a despejar dudas jurídicas. Escuchar a quienes no tienen curules ni intereses en juego, a delegados del mundo que ven mejor con distancia, puede dar luces independientes en este momento difícil.
No sobra decir que, superado este escrutinio y calmadas las aguas electorales, debemos hablar de los problemas de fondo que tiene nuestro sistema electoral. Tarjetones inmanejables, muchas circunscripciones especiales que confunden al elector, las listas abiertas y cerradas que no son amigables a la hora de votar. Hay mucho por discutir y corregir. Eso será después porque lo que requiere el momento actual es cabeza fría y garantizar la voluntad de los ciudadanos en las urnas.
Es momento para la mesura aunque pocos quieran escuchar a alguien mesurado. Es momento para poner el país primero. Es momento de grandeza histórica, de liderazgos sabios y no de pequeñas triquiñuelas de poder. Es momento también de buen periodismo hecho con responsabilidad y respeto por el proceso democrático dejando de lado las preferencias personales en materia política. Está en juego el futuro de este país adolorido que ha pasado por tantas dificultades. Más allá de las personas que no hacen bien su tarea, debe prevalecer el interés colectivo. Si hemos acordado unas reglas democráticas, respetemos esas reglas y respetemos lo que los ciudadanos decidan en las urnas libremente.