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Derecho a decidir

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Yolanda Ruiz
18 de noviembre de 2021 - 05:30 a. m.
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Una mujer de 19 años tiembla sobre una camilla. Ha tomado una decisión de fondo, tiene dudas, tiene miedo, nadie de su familia sabe que está allí. Su novio, 18 años mayor que ella, le consiguió la cita con el médico, pero le dijo que prefería no asistir. En otro lugar y otro tiempo una niña de 13 años de clase media en un colegio católico abandona sin previo aviso los estudios. Ella y su familia enfrentan un dilema que no es fácil resolver. El pariente que la buscó en la noche sin que sus padres se dieran cuenta ya se fue y ella está ahí, lejos de sus amigas, sin entender del todo qué pasó ni lo que vendrá. La vida le cambia para siempre.

Una mujer casada que tiene dos hijos adolescentes tampoco sabe qué pasó. Estaba segura de que a su edad ya no había riesgo. Todo es difícil ahora porque trabaja mucho y gana poco. Su marido acaba de perder el empleo y no sabe cómo decirle. Se imagina su vida y lo que viene si suma uno más. No se siente capaz de empezar otra vez. Pasa las noches en blanco mientras busca una salida que sea buena para ella y para su familia.

Otra mujer de 20 años no tiene dudas, pero teme la reacción de sus padres y por eso busca ayuda en círculos de amigos. La conectan con una mujer que dice arreglar todo en segundos y acude a ella. Horas después se desmaya en la casa de un amigo. Tiene una hemorragia y termina en urgencias con una infección que pone en riesgo su vida. El amigo la deja en la clínica, la acompaña un rato y poco después se va ante el miedo de que lo acusen de algo por ayudar. Ella se queda sola con el mismo miedo, atravesada además por una fiebre alta y un dolor agudo en las entrañas. Ruega que no la vayan a denunciar.

Lejos de allí, años después, otra mujer enfrenta los gritos de “asesina” de decenas de personas que llevan carteles y protestan cuando ingresa a un lugar en donde la van a asistir en su decisión. Es legal lo que va a hacer, pero la juzgan, la condenan, la agreden. En otro momento y otra ciudad una estudiante de quinto semestre de universidad, que tuvo un romance con un hombre casado, se enfrenta sola al dilema. Tiene claro que no hay futuro para nadie en la realidad que enfrenta. Por eso lo decide.

Otra mujer se levanta de madrugada y camina loma arriba buscando la vaca recién parida para ordeñar. No durmió nada porque descubrió que estaba embarazada otra vez. Tiene 30 años y tres hijos. No puede con más. El cuerpo no le da. El alma no le da. El último parto se complicó y estuvo al borde de la muerte. Por eso le pidió ayuda a la doctora y ella accedió a ponerle el dispositivo sin que su marido se enterara porque él dice que las mujeres que planifican se vuelven “putas”. Llora, no entiende y piensa que si se cayera rodando desde la loma a lo mejor los problemas terminarían.

En una oficina en el centro de una ciudad una joven profesional de veintitantos le cuenta a su compañera que la sorprendió un resultado positivo aunque jura que se cuidó. Tiene una decisión tomada porque sabe que no es su momento, no puede ahora, pero siente miedo y no tiene muy claro a dónde ir. La amiga le dice que ya pasó por ahí y entiende su incertidumbre. Las mujeres se encuentran, se apoyan, se ayudan. Son miles las que han enfrentado lo mismo. La mayoría en condiciones precarias y sin adecuada asistencia médica. Algunas no vivieron para contar la historia.

Son historias reales de mujeres reales. Son mujeres que tenían derecho a decidir sin ser estigmatizadas, sin poner en riesgo su vida física o mental, sin que las juzguen ni las condenen. Escribo y recuerdo estas historias mientras esperamos una decisión de la Corte Constitucional. Ojalá a la hora de fallar los magistrados tengan en cuenta los derechos de estas mujeres y de miles más que han vivido y podrían vivir historias similares. Que las mujeres puedan decidir y que la ley las proteja.

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bertha(54599)21 de noviembre de 2021 - 03:12 p. m.
Ni las mujeres pueden decidir, ni la ley las proteje. Lo que realmente las puede ayudar es la educación no prejuiciosa. Pregunto: si un macho humano decide NO embarazar a la hembra, puede hacerlo?.Si este macho fuera consciente que la vida es sagrada, que un hijo es lo más valioso, engendraría ?.Si la mujer pensara esto,se prestaría al antojo e irresponsabilidad del " hombre "?.
Hernando(84817)18 de noviembre de 2021 - 10:42 p. m.
Excelente columna. Ojala que la decisión se favorable al derecho que tienen las mujeres a se respetadas como seres humanos con autonomía e independencia sobre las decisiones que tomen sobre su cuerpo.
PEDRO(90741)18 de noviembre de 2021 - 10:07 p. m.
Cuenta regresiva: faltan 262 días para que termine este cobarde gobierno. Y está en usted evitar que se repita, votando por personas que hayan demostrado su liderazgo y capacidad de servicio a la comunidad.
Jorge(84283)18 de noviembre de 2021 - 09:33 p. m.
Mi sincero apoyo a las mujeres en su lucha por tener la libertad de decidir sobre su cuerpo, sin la injerencia misógena de las camándulas.
Martha(25230)18 de noviembre de 2021 - 09:29 p. m.
Al leer esta crónica ,que muestra en toda su crueldad el drama que debe asumir una mujer que debe abortar por razones que sólo a ella le atañen,salta a la palestra algo insolito:todas estas mujeres furon inseminadas artificialmente ?? porque si fue así,se justifica su soledad de lo contrario dónde estan los hombres que las metieron esn esta sin salida?????
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