En política no se termina una elección y ya se piensa en la siguiente. El presidente electo Abelardo de la Espriella no se posesiona y ya se comienzan a organizar las cargas para las elecciones regionales. El Consejo Nacional Electoral, en decisión exprés y no exenta de controversia, autorizó el partido Defensores de la Patria. El Centro Democrático quiere quitarse la etiqueta de partido de derecha, el Pacto Histórico define como su jefe al saliente presidente Gustavo Petro y comienza la oposición. No es como suele ocurrir en cualquier cambio de Gobierno: en esta ocasión, hay liderazgos políticos que se pueden mover o consolidar y hay de facto un movimiento hacia los extremos.
Hay movidas tanto en la izquierda como en la derecha. No será extraño ver a dirigentes y candidatos que están dentro o cerca del Centro Democrático deslizarse al extremo de los Defensores de la Patria. Ya sabemos que muchos políticos se sienten más cómodos bajo el ala del poder. El expresidente Álvaro Uribe dará la pelea y no es claro si logrará sostener la solidez de su partido. Paloma Valencia en declaración que ha causado polémica dijo que no eran de derecha. Es claro que Uribe está en “una encrucijada del alma”: pelear la base de derecha en la que se movió como pez en el agua y en solitario durante un par de décadas, o correrse un poco al centro para pelear votos que no se vieron con claridad en la elección presidencial, pero que estuvieron ahí y sumaron a los dos candidatos. Es la estrategia que usaron en la campaña con la fórmula Paloma-Oviedo que resultó un fracaso. Y es que la derecha no solamente es partidaria de la seguridad: es también tradicional, conservadora, religiosa y poco abierta a respetar derechos minorías y de mujeres. Todo eso lo leyó bien Abelardo de la Espriella y sobre eso sigue haciendo su campaña, porque el presidente electo está y seguirá en campaña.
La historia tiene sus ironías: en al año 2005 el partido de la U que debe su nombre a una dualidad de símbolos: Uribe y Unidad, le dio un golpe al partido Liberal y sacó buena parte de su dirigencia para respaldar al entonces presidente. Ahora es De la Espriella el que golpea al partido de Uribe. No será fácil porque hay 47 “abejitas” uribistas en el Congreso que ya mostraron el aguijón, aunque es claro que hay coincidencias en materia ideológica. Esa relación será tormentosa.
En el otro lado, si hay algo que se le abona a Gustavo Petro, a pesar de los muchos errores cometidos, es haber logrado la unidad de la izquierda y su consolidación como fuerza política con vocación de poder. Sin embargo, el Pacto Histórico vive un momento complejo.
El reto es administrar lo que puede ser un logro y una derrota en simultánea de la mano de un líder que también tiene dos caras: es el caudillo que jalona a sus bases y es el lastre que impide avanzar y sumar otros sectores que van a necesitar. ¿Podrá la izquierda mantener la cohesión ahora que sale del poder? Los primeros pasos de la llamada “resistencia pacífica” no se sienten muy firmes. Falta ver a Petro en las calles, en su escenario natural de opositor. En el Gobierno su ego desmesurado, su hedonismo, sus dificultades gerenciales, los grandes episodios de corrupción empañaron una gestión que tuvo aciertos, el más importante de ellos, hacer visibles a sectores que nunca antes fueron reconocidos por el Estado. En la calle se medirá de otra manera.
Y lo que hasta las pasadas elecciones se llamó el centro político de nuevo se percibe ausente en un momento en el que se mueve el ajedrez político con proyectos que responden a los nuevos tiempos que corren en el mundo. Quien mejor ha entendido el momento es el presidente electo que se arrodilla, reza, ordena, parece gobernar desde antes de posesionarse y satura el universo digital con mensajes cargados de simbolismo. ¿Le alcanzará eso? Gobernar es distinto a hacer campaña. Sin embargo, si algo muestra la política es que la percepción es todo y a veces no tiene que ver con la realidad. A partir del 7 de agosto, además de la propaganda, también hablarán los hechos. Ojalá podamos entenderlos por encima del ruido de la Inteligencia Artificial.