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El centro existe; los no alineados, también

Yolanda Ruiz

19 de marzo de 2026 - 12:05 a. m.

Como me defino de centro extremo, puedo decir que, a pesar de liderazgos erráticos, los votantes que preferimos no pararnos en los extremos somos reales, de carne y hueso y estamos bastante perdidos en esta campaña. El centro político existe y existen también miles de ciudadanos no alineados que votan por múltiples razones distintas a la ideología. Hay vida más allá de la izquierda o la derecha, tanto en el centro como alternativa política, como en la independencia total.

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Si hablamos del centro como definición política e ideológica, hablamos de una postura demócrata liberal que en algunos puntos coincide con la izquierda y en otros con la derecha. El centro reconoce la importancia tanto del Estado como del sector privado y también de las organizaciones sociales. Reconoce las inequidades, entiende que la deuda social es inmensa y hay que saldarla sin que paguen por ello otros sectores vulnerables. El centro debería entender la importancia de una inmensa clase media que no tiene doliente político y que en buena parte sostiene al país con su esfuerzo diario por sobrevivir. El centro sabe que el hambre y las necesidades básicas no dan espera, que es obligación del Estado ayudar a distribuir riqueza para garantizar que todos tengan acceso a lo mínimo, y entiende que generar oportunidades de empleo y de emprendimiento bien remuneradas es un camino para que todos tengan una vida digna.

El centro sabe que la seguridad es prioritaria y que garantizarla no implica violar derechos humanos en la acción de las autoridades que siempre deben moverse en el marco de lo que permite la ley. El centro indaga en el origen de los delitos y la violencia, entiende que se necesita inversión social y también acción de la fuerza pública y la justicia para enfrentarlos. El centro busca la paz por la vía del diálogo y la concertación, sin renunciar al ejercicio legítimo de la fuerza por parte del Estado, sin dejar a su suerte a los civiles en medio del fuego cruzado. El centro ve en la corrupción un problema prioritario para resolver.

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El centro reconoce la existencia y el derecho a existir de una derecha democrática y una izquierda democrática que puedan mover sus ideas desde el respeto a las normas y a la institucionalidad. En un país con un conflicto tan extenso como el nuestro ha sido difícil reconocer las bondades de tener diversas opciones políticas que confronten ideas sin graduar de enemigo a eliminar al que piensa distinto. La democracia es plural. En los regímenes autoritarios se busca el unanimismo.

El centro reconoce el trabajo colectivo por encima del caudillismo, tiende puentes y acerca. Algunos nos ubicamos más hacia la izquierda y otros más a la derecha sin que por ello se pierda la posibilidad de reconocernos de centro. En tiempos de fundamentalismos y de ascenso del fascismo y el autoritarismo en el mundo, el centro se debe levantar en defensa de lo que queda de democracia.

El centro abraza la diversidad, cree en la inclusión y en la necesidad de enfrentar con responsabilidad el cambio climático, defiende las libertades individuales, la equidad de género, los derechos sexuales y reproductivos. Al margen de las convicciones personales, los de centro defendemos un Estado laico que respete el pluralismo. Defendemos la libertad de prensa y la separación de poderes. El centro considera que se deben respetar los acuerdos internacionales, los organismos multilaterales y la búsqueda de la paz.

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Los ciudadanos no alineados, por su parte, no creen tanto en la política, no se definen de un partido o de otro y acuden a las urnas movidos por un entusiasmo puntual, por una esperanza, por rabia o simpatía, por el almuerzo que ofrece un político, por una camiseta o porque sienten que su voto cuenta. El centro existe. Los no alineados también. Si no fuera así, Gustavo Petro no hubiera sido presidente ni la derecha uribista estaría haciendo tanto esfuerzo para conquistar esos votos que pueden inclinar la balanza en la próxima elección.

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