Tiene ocho años y debe tener muchos sueños y seguramente estudia, juega, tiene amigos. Tal vez le gusta el fútbol, será hincha de algún equipo, debe tener algún juguete favorito o tal vez un libro, un balón... Un niño como miles que no tendría por qué enfrentar lo que hoy enfrenta: una vida rota sin papá ni mamá. Una vida que le ha cambiado para siempre. Es el hijo de Erikha Aponte y Christian Rincón, el hijo de la víctima y del victimario. El niño huérfano que deja un feminicidio convertido en realidad a pesar de que Erikha denunció la violencia. El Estado siguió unos protocolos, hizo la tarea prevista, intentó protegerla, pero...
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