Un dinosaurio irrumpe en la Asamblea de la ONU y habla ante los delegados. Comienza diciendo: “Sé algunas cuantas cosas sobre la extinción”, y agrega: “Extinguirse no es nada bueno”. Un creativo video de Naciones Unidas que ha circulado de manera viral en vísperas de la Cumbre Climática de Glasgow. Tal vez es el momento de escuchar al dinosaurio porque es el presente, el futuro y la vida misma lo que nos estamos jugando. No hay decisión más importante que encarar por fin la realidad de un cambio climático que ya está dejando muertos y devastación.
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El video del dinosaurio alertando sobre la posible extinción de los humanos ha resultado elocuente. “Que ustedes mismos promuevan su extinción es la cosa más ridícula que he escuchado en 70 millones de años. Nosotros al menos tuvimos un meteorito, ¿cuál es la excusa de ustedes?”. Para el dinosaurio es absurdo invertir tanto en combustibles que nos pueden extinguir: “Tienen el problema del cambio climático y todos los años gastan millones y millones en subsidiar los combustibles fósiles. Es como si nosotros hubiéramos subsidiado a los meteoritos”.
No es mala idea dejar de invertir y de apostar por aquello que nos puede extinguir. Por eso las decisiones de Glasgow deben apuntar a lo concreto y de fondo. Aunque cada líder llegó haciendo propuestas que suenan a esperanza y lanzan alertas de preocupación, lo que debemos evaluar es si más allá de las palabras hay hechos, decisiones de fondo que se requieren ya. El presidente de Madagascar, Andry Rajoelina, dijo en la cumbre que en el sur de su país hay hambruna por el cambio climático. Es consecuencia de una ola de calor y sequía que tiene a más de un millón de personas sufriendo desabastecimiento. El presidente Rajoelina pidió apoyo concreto: “Hago un llamado a los líderes de todo el mundo para que aceleren la movilización de 100 millones de dólares para que podamos financiar la política de transición energética en África”. Esto es también cuestión de plata, de decisión política y de cambios drásticos en la manera de vivir. No es tiempo de paños de agua tibia.
En la cumbre se anunció la propuesta de líderes de 100 países que se comprometen a poner fin a la deforestación para el año 2030. Más allá de las buenas intenciones también se debe ir a las tareas que hacen eso posible. Por ejemplo, desde Colombia eso implica proteger a los líderes ambientales que son los que defienden el planeta en el territorio real en donde se necesita. De poco sirve comprometerse en foros internacionales si aquí seguimos viendo cómo son asesinados impunemente los encargados de cuidar nuestros bosques, ríos y montañas. A los líderes ambientales los asesinan porque se convierten en una piedra en el zapato para los deforestadores, para las mafias que destruyen bosques y selvas, y para proyectos que atentan contra la estabilidad ecológica. Son las voces que se levantan en defensa de la naturaleza, las voces que alertan por la emergencia que estamos viviendo, son voces de dinosaurio pidiendo que paremos la extinción. Cuando un líder ambiental es asesinado pierde una comunidad y pierde el planeta. Sin embargo, tenemos un triste récord en esa materia. Protegerlos es protegernos.
Por eso se trata de más hechos y menos palabras. En la cumbre de Glasgow las metas deben ser más ambiciosas: incrementar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, invertir mucho más en los proyectos de cambio hacia energías renovables, parar la deforestación. Y mientras los líderes del mundo deciden si habrá futuro o no para la especie, pensemos en cómo reducir el consumo en casa, cómo cuidamos el agua, cómo contaminamos menos y cómo reducimos la huella de carbono personal. Momento de escuchar al dinosaurio: “Es hora de que ustedes humanos dejen de poner excusas y comiencen a hacer cambios”.