El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La polarización no es un problema

Yolanda Ruiz

25 de junio de 2026 - 12:05 a. m.

Terminado el escrutinio de manera oficial, el nuevo presidente electo es Abelardo de la Espriella, quien se impuso sobre Iván Cepeda. El resultado confirma una división casi a la mitad de los votantes que superaron los datos históricos de participación. La polarización que tanto preocupa, en el fondo no es nada distinto al enfrentamiento entre dos miradas radicalmente distintas sobre el manejo del Estado. Eso, en sí mismo, no es un problema: eso es democracia. El problema comienza cuando se considera que quien piensa distinto es un enemigo que se debe eliminar. Es ahí cuando debemos encender las alarmas y no ante las necesarias diferencias ideológicas y políticas.

PUBLICIDAD

Por décadas, durante y después del pacto del Frente Nacional que buscaba frenar la guerra entre liberales y conservadores, Colombia navegó entre diferencias políticas mínimas sobre la base de una manera similar de ver y entender el papel del Estado y de la economía. Los partidos Liberal y Conservador, y todos sus partidos hijos derivados del momento y del interés particular, compartieron la misma visión. Ahora hay propuestas muy distintas. No se trata solamente de paz negociada o guerra desatada: ahora se trata de debatir sobre qué modelo de país se quiere.

Si bien la elección de 2026 también tuvo el tema de paz sobre la mesa, y las urnas por estrecho margen dan respaldo otra vez a la mano dura para intentar acabar por la fuerza a los grupos ilegales, en esta elección hubo mucho más. Se habló de fracking, de inequidad social, de derechos laborales y sexuales, de respeto a las minorías, de machismo, de distribución de la riqueza, de organismos multilaterales, de proteger la Constitución, de corrientes de pensamiento económico distintas a la neoliberal, que no es la única que existe como se ha querido vender durante tanto tiempo.

En el mundo la izquierda y la derecha se alternan en el poder en muchos países sin que eso represente un riesgo de enfrentamiento armado o algún intento por acabar a sectores políticos a punta de sicariato. El problema no es la polarización; el problema real es la violencia y no reconocer los derechos de los otros. El problema es el giro que va dando el planeta hacia el autoritarismo que desconoce esos derechos.

Los liderazgos autoritarios y populistas capturan la democracia y la minan desde adentro. Patean el tablero y no respetan las reglas de juego en una estrategia que no es exclusiva de un sector. Izquierda y derecha tienen en el mundo ejemplares desastrosos de liderazgos autoritarios que perpetran genocidios, declaran guerras comerciales, empujan el neocolonialismo y violan los derechos humanos. Las fuerzas políticas que estarán en el Gobierno y en la oposición tendrían que ver más allá de sus narices para entender el momento que viven el mundo y Colombia, y para salirse de sus burbujas.

Más allá de la campaña de marketing y los miles de millones gastados, más allá de las emociones manipuladas por algoritmos, el resultado es fruto de una grieta estructural en un país que ha discriminado a muchos sectores que se sintieron interpelados y reconocidos por un Gobierno de izquierda. Sin importar lo errático del liderazgo del presidente Gustavo Petro, su apuesta puso en el centro de la atención del Estado a sectores excluidos que le dieron su respaldo a la continuidad que ofrecía Iván Cepeda. Esos 12’708.000 ciudadanos no se pueden graduar de enemigos. Tampoco son enemigos los 12’959.000 que votaron por de la Espriella, decepcionados de un Gobierno que quiso declarar la guerra a medio país desde los trinos presidenciales. No hay enemigos entre los ciudadanos y harían bien los líderes políticos en guardar las espadas para pasar al debate sano de la democracia, en el cual un sector gobierna y otro hace oposición sin negar derechos a los otros. Una lectura calmada de la coyuntura puede permitir también que los líderes del centro despierten en algún momento. No estuvieron a la altura y este no es momento para dormir.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.