Por: Salomón Kalmanovitz

Confusión

Tuve la premonición, antes de las elecciones presidenciales, de que el uribismo iba a hacer una alianza con todas las fuerzas políticas tradicionales detrás de la candidatura de Duque, que arrasarían además con la división de poderes y con la oposición para imponer sus programas y reformas de extrema derecha.

La realidad se ha desenvuelto en forma muy distinta: el Centro Democrático se ha fracturado en una facción dura que sabotea las iniciativas del presidente, quien se ha visto forzado a distanciarse de su mentor, manifestándose como una bancada sin ideas ni iniciativas, mientras otros de sus miembros quisieran apoyar al presidente. Uribe se siente amenazado por la Corte Suprema y se le advierten visos de paranoia en sus conductas contradictorias y erráticas, que le han costado mucha favorabilidad.

El equipo de gobierno, entre tanto, aparece técnicamente coherente, pero desordenado políticamente, con los ministros sénior actuando a título personal y no como partes de un equipo de gobierno disciplinado. La ministra del Interior luce especialmente carente de liderazgo. El presidente rechaza alianzas con otras fuerzas políticas que le presten gobernanza en el Congreso y sectores adversos están asumiendo iniciativas legislativas, esperando pacientemente los puestos y contratos, al tiempo que el Gobierno aparece desorientado. Se trata, de nuevo, de un equipo de gobierno de ruedas sueltas que cada sábado se reúne en los talleres Construyendo País, donde prometen soluciones y asumen compromisos, y donde brilla por su ausencia el ministro de Hacienda, quien no se ha pronunciado sobre la economía naranja, el programa emblemático de Duque.

Entre tanto, la oposición se crece gracias a la movilización de casi 12 millones de ciudadanos que se expresaron contra el sistema político clientelista, defendido en especial por el Centro Democrático, que se la jugó contra la consulta anticorrupción. La negación de la personería jurídica al movimiento de Petro, Colombia Humana, por el Consejo Nacional Electoral, es una demostración de debilidad y miedo de la clase política tradicional frente a la capacidad movilizadora de esta agrupación, junto con otras fuerzas de izquierda y de centro. Es que no pueden barrer mas de ocho millones de votos debajo de la alfombra. Así las cosas, el partido de gobierno luce débil y confundido, mientras se fortalecen las agrupaciones tradicionales que presionan al Gobierno por platicas y la oposición revela la naturaleza antipopular de las medidas que balbucea el Gobierno en materia tributaria, de pensiones y de drogas.

A la situación económica de Colombia, que venía mejorando al superar el efecto recesivo del ajuste fiscal por los buenos precios del petróleo y el mejor comportamiento exportador, le están apareciendo nubarrones tormentosos en el horizonte, surgidos de las políticas destructivas de Trump contra el comercio global y contra Irán y Turquía. Su rápido deterioro ha contagiado las monedas de Argentina, Brasil y Colombia, lo que hará necesario apretar la política monetaria para tratar de frenar el deterioro de los flujos de capital y también ralentizará el crecimiento económico.

Frente a este deterioro general, no ayuda a la percepción que se tiene del país que Carrasquilla se obsesione con el espejo retrovisor y anuncie que el Gobierno está terriblemente desfinanciado y que él hace lo que quiera sin importar lo que diga Uribe o el agobiado presidente de todos los colombianos.

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2018-09-02T15:07:07-05:00

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