Por: Antonio Casale

Consecuencias de sus decisiones

Comenzará la fiesta de los cuadrangulares y casi todo, salvo el amor que le tenemos los colombianos a nuestra liga y algunos esfuerzos aislados de unos pocos clubes, está mal.

El torneo está mal diseñado. No puede ser posible que el primero del todos contra todos le saque cerca de diez puntos al octavo y ahora comiencen empatados en todo. No puede ser que desaparezcan los play offs, que eran menos desiguales porque de entrada enfrentaban a uno de los cuatro primeros con uno de los cuatro últimos clasificados, pensando que van a tener mayor asistencia a los estadios. La experiencia indica que no es así. No puede ser que a sabiendas de que hay Copa América en junio se haga un torneo con cuadrangulares, lo que implica jugar más partidos y la final, en consecuencia, se jugará en medio de una fecha FIFA, lo que impedirá que los equipos que definan el título cuenten con los jugadores convocados por sus selecciones para la Copa de Brasil. Por ejemplo, si Millonarios pasa a la final no podría contar con su arquero Wuilker Faríñez y si lo logra América, no podría contar con su goleador Aristeguieta. Es decir, la final se podría disputar sin los mejores jugadores.

No puede ser que los directivos se dejen manipular por el manejador de Pékerman, que utiliza su éxito en la selección para meterles a equipos como Santa Fe a técnicos extranjeros que jamás han dirigido un partido profesional en primera división, como Patricio Camps, cuya única carta de presentación es haber sido parte del cuerpo técnico de José. Ya se anuncia extraoficialmente que otro miembro de ese ilustre grupo, Pablo Garabello, será el encargado de salvar al Cúcuta de volver a la B. Todos los humanos merecen una oportunidad pero en Colombia hay técnicos jóvenes con más experiencia que estos dos para asumir una responsabilidad de esas. Eso sí, les prometen algo que para los directivos es más importante que lo deportivo: activar la fábrica de exportación de jugadores (mucho billete). Veremos.

Pero ojo, los jugadores también tienen su cuota. No puede ser que la lujosa nómina de Atlético Nacional decida, consciente o inconscientemente, escoger partidos. Eso se deduce del pobrísimo nivel mostrado por los verdes cuando juegan contra rivales de menores posibilidades como Envigado o Rionegro, y el cambio drástico en su rendimiento a la hora de enfrentar a los grandes como América, Millonarios o su rival de patio. Esto demuestra que no están preparados para competir en serio. Por eso varios de sus integrantes han sido devueltos de México, Argentina o Europa.

Lo triste es que son los mismos directivos que se quejan de que sus equipos no tienen dinero los que aprobaron el formato del torneo pensando más en ser octavos que en ser primeros, lo cual demuestra su mediocridad. Son los mismos que prefieren pagar cuerpos técnicos extranjeros sin experiencia que construir desde adentro un proceso a largo plazo. Son los mismos que se jactan diciendo que tenemos la segunda mejor liga de Suramérica, cuando la realidad muestra que el rendimiento en la Copa Libertadores, único medidor objetivo existente, nos sitúa como la novena, tan solo superando a Bolivia.

 

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