Por: José Fernando Isaza

Contra el fundamentalismo

ASÍ SE TITULA UNO DE LOS IMPORtantes ensayos del escritor israelí Amos Oz.

La conformación de la orquesta West-Eastern Divan, dirigida por Daniel Barenboim, coincide con la idea de Oz de integrar judíos, palestinos, libaneses, jordanos y españoles. Anualmente se reúnen en Sevilla los jóvenes intérpretes en unos intensos talleres para definir y ensayar las obras que conformarán el repertorio de su gira. Barenboim, virtuoso del piano del siglo XX y destacado director del siglo XXI, en unión del intelectual palestino Edward Said, concibieron y pusieron en práctica la idea de la orquesta multicultural con músicos de naciones y territorios en pugna o en franca guerra; no porque creyeran que la difícil situación del Medio Oriente se soluciona sólo con la música, sino porque cuando cambie la situación se va a necesitar de una orquesta como ésta. La necesidad de convivir y compartir que requiere una orquesta sinfónica es un ejemplo viviente de la posibilidad de coexistir diversas culturas y religiones.

Barenboim es de los pocos ciudadanos del mundo que tienen ciudadanía israelí y pasaporte expedido por la Autoridad Palestina; es de esperarse que cuando se cumplan los múltiples acuerdos de paz y la Autoridad Palestina tenga el estatus de Estado, además del pasaporte, el director tendrá la nacionalidad palestina.

Es bien conocido el escándalo que suscitó en el año 2001 la propuesta de Barenboim de dirigir en Jerusalén Las Valquirias de Richard Wagner. En el Estado de Israel existía un veto tácito a la música de Wagner, pues este compositor había sido elegido por Hitler como símbolo de su idea de supremacía germánica. Por supuesto que Wagner, como lo recuerda Barenboim, es totalmente ajeno a la apropiación política de su obra por el nazismo alemán. Había muerto 50 años antes del triunfo electoral de Hitler. La presión para evitar la interpretación de la obra de Wagner hizo cambiar el programa; sin embargo el director, como agradecimiento por la ovación recibida, hizo que la orquesta interprete fragmentos de Tristán e Isolda de Wagner. Algunos funcionarios dieron destempladas declaraciones acusando a Barenboim de antijudío.

Amos Oz y Barenboim coinciden en que el conflicto árabe-israelí debe solucionarse por vías pacíficas, reconociendo que los pueblos judíos y palestinos tienen derechos ancestrales sobre las tierras en que están asentados. Por su parte, Oz afirma que lo contrario a la guerra es la paz y no el amor. Que no es necesario amar a los antiguos enemigos, la paz exige que se les respete y se reconozcan sus derechos, así es posible la coexistencia pacífica. Esto lo conoce de primera mano Oz, pues su infancia transcurrió en Jerusalén, antes de 1948, fecha de creación del Estado israelí. En sus memorias Una historia de amor y oscuridad narra cómo la vida transcurría en una cierta paz entre judíos, palestinos y árabes. Hoy la tolerancia de Oz parece haber disminuido y ha apoyado la construcción del muro que separa Israel del territorio palestino, pidiendo sí que se respeten las fronteras de 1967. Tampoco condenó el desproporcionado ataque a la Franja de Gaza.

Dos recientes películas de directores israelíes y palestinos ayudan a comprender mejor el conflicto. Waltz con Basir, una animación sobre la masacre de los campos de refugiados realizada por el ejército israelí, y El paraíso ahora, que relata 24 horas de vida de una bomba humana, un kamikaze palestino.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

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