Por: Arlene B. Tickner

Contradicciones irreconciliables

Entre la movilización de fuerzas militares venezolanas en la frontera, la advertencia de que cualquier respuesta colombiana a la violación de su soberanía sería apoyada por Estados Unidos, el desempolvamiento del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, la invocación de la Resolución 1373 (antiterrorista) de la ONU, el retiro de John Bolton y las fotos de Juan Guaidó, los temas internacionales han estado en el centro del debate público interno. Además de confirmar la torpeza del gobierno Duque en lo que la política exterior respecta, los hechos recientes ponen de relieve las contradicciones irreconciliables en las ésta ha caído.

Como bien lo observa Gabriel Silva en El Tiempo, Duque, su canciller y su embajador en Washington apostaron erradamente a una relación estrecha con el asesor de seguridad nacional de Trump, un peligroso militarista obsesionado con Irán y con la “troika de la tiranía” en América Latina, en particular Maduro. Además de sumarse a la amenaza estadounidense de que “todas las opciones” estaban en la mesa, convirtieron a Colombia en caballo de Troya para ejecutar los nefastos planes de Bolton, incluyendo la convocatoria en la OEA para activar el TIAR por el “impacto desestabilizador” de Maduro en el hemisferio. Si bien 12 países firmantes apoyaron esta moción, también incitó la abstención de Costa Rica, Panamá y Perú, el rechazo de México y Uruguay, y la advertencia de Chile de que cualquier uso de la fuerza en Venezuela sería inaceptable. Pese a la insistencia colombo-estadounidense de que el TIAR contempla medidas diferentes a la militar, al tratarse de un pacto de seguridad colectiva, el mensaje es inconfundible y peligroso.

No menos espinoso, el análisis de María Jimena Duzán en Semana de las fotos de Guaidó con dos líderes de los Rastrojos resalta lo farsante que suena denunciar por un lado la complicidad de Maduro con los rearmados y disidentes de las FARC y el ELN, y por el otro, pactar con reconocidos paramilitares para asegurar el paso fronterizo del autoproclamado presidente para asistir al concierto Venezuela Aid Live. A diferencia de quienes han querido minimizar el episodio, aquellas entidades que investigan las dinámicas de la violencia en la zona, especialmente la Fundación Progresar, así como los habitantes y conocedores de este sector de la frontera, coinciden en que no es posible cruzar sin la autorización previa de los grupos que lo controlan, es decir, los Rastrojos (y el ELN). Sumado al toque de queda que se impuso mientras pasaba la caravana de Guaidó, esto apunta a la participación de autoridades colombianas y exige mayor explicación por parte del Gobierno.

Presentarse como víctima de las agresiones de Maduro y de su alianza con grupos armados ilegales ¬como seguramente hará Duque cuando interviene ante la Asamblea General de la ONU¬ al tiempo que el Gobierno colombiano ha participado abiertamente (de la mano de EE.UU.) en los intentos de cambio de régimen en Venezuela mediante el manoseo del multilateralismo, la amenaza del uso de la fuerza y hasta la colaboración puntual de paramilitares; y reintroducir la retórica “narcoterrorista” a las estrategias diplomáticas mientras se busca en simultánea vender la paz y aumentar la solidaridad internacional con el flujo de migrantes venezolanos al país, es una jugada contradictoria y torpe, si no antagónica a los intereses colombianos.

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2019-09-17T21:00:00-05:00

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