Por: Claudia Morales

Coomeva y la crónica de una enfermedad anunciada

Esta es la historia de Adriana Molina Londoño, pero podría ser la de otro colombiano. Adriana es madre cabeza de hogar y administradora de empresas. Vive en Armenia, Quindío, tiene 40 años y está afiliada a la EPS Coomeva. En marzo de este año fue diagnosticada con Carcinoma Papilar de Tiroides.

El día 20 de ese mes fue enviada a valoración para una cirugía de tiroidectomía total y vaciamiento ganglionar derecho por adenopatías. El 5 de abril, el doctor Hernando Javier Forero, cirujano general de la IPS Clínica Central en Armenia, remitió a la paciente a valoración por cirugía oncológica o cirugía de cuello y cabeza. Coomeva le dijo a Adriana que fuera a la Clínica San Rafael de Pereira. Allí, el cirujano oncólogo Jairo Palacio la mandó a valoración por anestesiología y programación de cirugía, pero la IPS San Rafael no lo hizo porque el tipo de contratación que tiene con la EPS no cubre ese procedimiento y le aclaró a la paciente que debía pedirle a la EPS que la remitiera a otra IPS. Coomeva le respondió que no tiene convenio con ningún cirujano de cuello y cabeza y que la única opción era esperar.

Con la asesoría de la Fundación Lazo Rosa, que en el Quindío asiste a más de 150 enfermos de cáncer, Adriana interpuso una tutela que falló a su favor el 15 de junio. La EPS continuó desatendiendo la urgencia hasta el 2 de agosto cuando, para lavarse las manos, la mandó de nuevo a la IPS San Rafael. La doctora Margarita Navas determinó —como los especialistas anteriores— que Adriana debía ser operada por un cirujano oncológico o de cuello y cabeza y nuevamente la remitió a cirugía.

El descaro mayor: el 20 de agosto Coomeva mandó a la paciente a la IPS Los Rosales en Pereira donde fue atendida por el cirujano general Carlos Enrique Ramírez, quien señaló que no podía operarla porque no es cirujano oncólogo y/o de cuello y cabeza.

“Coomeva es una EPS que descaradamente incumple con la prestación de los servicios médicos y en el Quindío particularmente se aprovecha porque somos gente noble, creemos en el sistema y nos vamos confiados a casa creyendo que la EPS responderá a nuestras necesidades. Eso es una mentira, no tienen vergüenza alguna”, me dijo Adriana Molina.

Al cierre de esta columna, Julieth Tejada, abogada y fundadora de Lazo Rosa, me confirmó que la semana pasada Adriana entró a cirugía por la vía de la salud privada gracias a las donaciones de familiares y personas solidarias. El próximo lunes tendrá el resultado de la patología y quedará en el limbo un posible tratamiento oncológico.

Amigos y lectores: Adriana pasó 167 días sin la atención de su cáncer —plenamente diagnosticado— como consecuencia de la negligencia (¿y corrupción?) de Coomeva. Es notable la generosidad de Lazo Rosa y de los ciudadanos que sumaron sus pesos para lograr que la operaran, sin embargo, esa no debió ser la salida para ella. Hay un servicio de salud que no funcionó y cuyos responsables siguen campantes como si nada. Adriana pudo morir y por fortuna eso no ocurrió, pero ante lo relatado, ¿qué sanción habría para la EPS? ¿Conocen ustedes una EPS que haya respondido alguna vez por la suerte trágica a la que somete a los pacientes?

Me dirán que hay pacientes satisfechos con su servicio y que les consta que la fórmula IPS-EPS funciona impecablemente. Pero en el Quindío todos los días tenemos ejemplos de lo contrario. ¿Es una exageración llamar la atención de un caso como el de Adriana? ¿Qué nos queda, acostumbrarnos a la mediocridad de un sistema que no garantiza el derecho a la salud?

@ClaMoralesM

* Periodista.

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2019-09-13T00:00:27-05:00

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2019-09-13T01:22:10-05:00

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