Por: Juan Pablo Ruiz Soto

COP24: clima, política y protestas

Lo ocurrido en Francia con la protesta de los chalecos amarillos; los debates de Trump con el mundo, negando la necesidad de tomar medidas frente al cambio climático (CC); los resultados de las consultas populares en Colombia, negando la actividad minera; la intención de algunos de restringir la movilización social, y los términos en los que se dieron las discusiones de la COP24 en Polonia —donde en medio de confrontaciones políticas se avanzó en compromisos y acuerdos de acción— nos muestran que, cada vez más, política y ambiente se relacionan. Entonces, nos preguntamos: ¿cuál debe ser la estrategia para hacer avanzar los temas ambientales en la política?

Este debate está en el New York Times (diciembre 14, 2018), donde el sociólogo Neil Gross plantea interesantes retos para los ambientalistas. Con un título bastante sugestivo, “¿Es el ambientalismo sólo para la gente rica?”, el autor inicia reseñando una investigación muy reconocida: aquella realizada por el sociólogo Ronald Inglehart en 1995 quien, después de analizar encuestas hechas en 43 países, concluye diciendo que los ciudadanos son propensos a dar prioridad a las preocupaciones ambientales sólo si son lo suficientemente ricos como para no tener que preocuparse por cosas más básicas como la alimentación y la vivienda. Condiciones que se presentaban entre los mejor educados y pudientes de los países más ricos. Inglehart anticipó que la creciente prosperidad, el aumento de los niveles de educación y las circunstancias ambientales cada vez más difíciles se traducirían en una mayor difusión de la conciencia ambiental en los años venideros.

Gross señala que una reciente investigación de Dunlap y York (2018), basada en una gama aún más amplia de datos, dice que la población de los países más pobres —donde se enfrentan pérdidas inminentes de recursos debido a la destrucción del medio ambiente— hoy tiene actitudes más firmes a favor del medio ambiente.

Francia, Estados Unidos y Colombia muestran expresiones políticas distintas y, si no logramos el apoyo de los movimientos sociales, será difícil frenar el CC que es una de nuestras principales preocupaciones. Francia nos hace reflexionar, pues siendo un pueblo que mayoritariamente ha expresado su interés por mitigar el CC —un 79 % de la población lo reconoce como un asunto importante—, reaccionó negativamente ante una propuesta basada en argumentos ambientales: aumentar los impuestos a combustibles fósiles para reducir su consumo y financiar la transición a energías verdes. Esta propuesta se sumó a otras, que afectaban a los más pobres y vulnerables, dando origen a un rechazo político masivo que resultó en reacciones violentas. Hoy nos cuestionamos si Macron es un auténtico líder ambiental que busca enfrentar el CC, o si utiliza este argumento para favorecer algunas minorías burguesas. Trump apoya las empresas de carbón y petróleo, disminuye determinantes ambientales y logra importante apoyo popular.

Colombia parece vivir la transición de una propuesta ambiental pequeñoburguesa a una apropiación del ambientalismo por parte de los movimientos sociales de izquierda, que protestan y se oponen a actividades que deterioran el medio ambiente, sin lograr mayorías políticas.

Los esfuerzos de protección del medio ambiente no lograrán prosperar si el movimiento ambiental no se mueve estratégicamente en términos políticos. Es nuestro reto identificar alternativas efectivas y constructivas.

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2018-12-19T00:00:51-05:00

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