Por: Fernando Barbosa
A mano alzada

Corea del Norte: ¿qué hay detrás?

El profesor Denny Roy, especialista en asuntos de estrategia y seguridad del Asia-Pacífico del East-West Center en Honolulu, publicó hace poco un análisis sobre los malentendidos que existen alrededor de Corea del Norte. Se trata de llamadas de atención muy puntuales pero suficientes para iluminar este debate bastante ensombrecido por las posturas amenazadoras de lado y lado.

Son cuatro los puntos que menciona Roy. Primero, si el régimen de Kim es irracional o no. Segundo, si estaría dispuesto a cambiar sus armas nucleares para asegurar oportunidades en los mercados internacionales. Tercero, si está sobre la mesa o no la opción militar para evitar que los norcoreanos adquieran misiles nucleares. Y cuarto, si China resolverá o no el problema.

Sobre la “locura” de Kim Jong-un y su gobierno, el analista encontró que la frase “la loca Norcorea” apareció en más de tres millones de búsquedas en Google. Y al buscar bajo “imprescindible”, “irracional” y “errática”, cada una sobrepasó el medio millón. Una muestra interesante de cómo los mensajes en la red están formando opinión. La explicación de Roy es que, si se define lo irracional, la locura, etc. como la “constatación de comportamientos desconectados y cambiantes”, muy seguramente se aplicaría mejor a los Estados Unidos, porque los norcoreanos han sido consistentes desde cuando fueron bombardeados inmisericordemente por los estadounidenses en la guerra de Corea. Desde entonces, su política de defensa ha sido firme y constante.

Respecto a dejar las armas a cambio de mercados, el armarse para la defensa está por encima de las consideraciones de prosperidad del pueblo pues es una estrategia para sobrevivir. Si bien esto choca contra los valores democráticos nuestros, un Estado autocrático puede mantenerse aun a costa de las privaciones de su gente. Sin embargo, como siempre, el uso del nacionalismo para legitimar los sacrificios está a la mano.

En cuanto a una eventual ofensiva militar de Occidente para neutralizar a Pyongyang, no parece viable. Cualquier opción, desde ataques dirigidos a las instalaciones nucleares hasta una guerra abierta, tendrían como primera contrarréplica un ataque sangriento sobre Seúl. Y por qué no, sobre Japón o Guam.

Y en relación con Beijing, su prioridad será la de mantener el gobierno de Kim, pues una caída del mismo le generaría grandes retos estratégicos si ello condujera a la unificación de la península. Aunque los chinos quieren la desnuclearización, difícilmente correrán el riesgo de debilitar y menos destruir el actual escenario político de Pyongyang. Lo esperable, entonces, es que se modifiquen las condiciones de diálogo que vienen desde 1994.

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