Por: Francisco Leal Buitrago

Coyuntura positiva

Desde que comenzaron la noticias en los medios sobre escándalos diversos, no han parado de crecer. Los más publicitados han sido los acosos sexuales contra las mujeres. #MeToo ha sido el distintivo con que se extendieron a nivel internacional. Por eso The Economist, en reciente edición, tituló en su portada: “Sex and power, #MeToo, one year on”.

A lo largo de los siglos, con pocas excepciones en algunas culturas, las mujeres han sido vilipendiadas, acosadas y violadas. Buena parte de las religiones restringen la libertad de las mujeres, incluidos en algunos casos apoyos estatales y culturales para ocultar su físico y supuestamente evitarles problemas a los hombres. Movilizaciones lideradas por mujeres en varios países han servido para hacer visibles conductas machistas humillantes, que han sido divulgadas por los medios. Tal difusión ha sido útil al reducir temores femeninos para denunciar tales conductas, además de haber menguado comportamientos machistas. Hasta en la Iglesia católica se ha hecho público el machismo, alcahueteado durante largo tiempo por sus jerarquías y acentuado por la pederastia de los clérigos. El papa Francisco, que ha buscado reversar la apatía religiosa de su feligresía, ha tomado cartas en este asunto.

Las manifestaciones públicas femeninas han servido además para que en países con regímenes democráticos, donde las mujeres han avanzado en competencias laborales con los hombres, también hayan mejorado en otros aspectos frente a ellos. Pero aún falta mucho para acabar con la desigualdad de géneros. Un ejemplo al respecto en el país es la Universidad Nacional de Colombia, institución emblemática de educación superior. Sólo hasta este año fue designada una mujer en la Rectoría, luego de más de 150 años de haber sido fundada esa institución. Además, desde 1988, apenas el 11 % de los doctorados honoris causa han sido otorgados a mujeres. Aunque persisten desigualdades, como en el Departamento de Filosofía, donde el 95 % del profesorado son hombres, por fortuna en la reciente premiación anual de reconocimientos académicos gran parte de ellos fueron otorgados a mujeres.

En ese evento hubo sólo un doctorado honoris causa, frente a varios que habitualmente se conceden cada año. Tal doctorado se otorgó a una mujer, lo que aumentó su visibilidad. A Magdalena León le reconocieron así sus largos y tesoneros trabajos académicos a favor de los derechos de las mujeres. En su discurso de presentación indicó que a comienzos de los años 70 del siglo pasado, mediante lecturas académicas en Estados Unidos, “descubrió” que las diferencias sociales iban más allá de las clases sociales, como es el caso de la división sexual del trabajo. Sobre esa base, luego de regresar al país, comenzó sus investigaciones centradas en categorías de clase, sexo y género, además de las de raza, etnia y opción sexual. Sus aportes feministas al conocimiento no han sido sólo en Colombia, sino también en otros países de América Latina. Junto con colegas de la Universidad Nacional y otras instituciones ha contribuido con valiosos aportes a la reivindicación de los derechos de las mujeres en el contexto social de la nación.

Enhorabuena por este acontecimiento en la principal universidad del país que se añade a la enriquecedora tendencia de avanzar en la disminución de las desigualdades sociales que han aquejado a una sociedad víctima de graves y numerosos problemas a lo largo de su historia.

* Miembro de La Paz Querida.

 

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