Cuando las encuestas fallan

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Nuevamente las encuestas electorales fallaron en la elección del presidente de los Estados Unidos. Pronosticaron un amplio triunfo de Biden en el voto popular, pero el margen resultante fue muy inferior al previsto. La información de The Economist que ponderaba la totalidad de las encuestas falló al predecir una mayoría demócrata en el Senado. Acertaron en cuanto al voto popular, pero los pronósticos fueron muy pobres en los resultados del voto por estados.

Las grandes diferencias entre los pronósticos y los resultados llevan a pensar que hay fallas en los principios del muestreo o en las metodologías. Los principios de muestreo correctos predicen con alto grado de certeza los resultados. Pero es bueno recordar que la estimación es probabilística y que sucesos de baja probabilidad ocurren. El punto fundamental es que la muestra tiene que ser aleatoria y representativa y ese principio pilar del muestreo estadístico no se está cumpliendo en múltiples ocasiones, por lo cual los resultados no son significativos.

Para ahorrar costos y por celeridad, se recurre a encuestas telefónicas, sea por celular o telefonía fija. Pero por celular se tiene el sesgo de que cada vez menos personas contestan una llamada no identificada; por telefonía fija, en época sin pandemia, quienes contestan no son una muestra representativa del universo buscado, pues se excluye a las personas que trabajan o estudian fuera del hogar. Por otra parte, cada vez un porcentaje menor de quienes son contactados por los encuestadores aceptan responder. Según The Wall Street Journal, en EE. UU. se estima que solo el 1 % responde. En sociedades en las cuales no se tiene confianza en la confidencialidad se evita contestar, por temor a ser perfilados. Las muestras representan el universo de los que contestan al teléfono, así que no son aleatorias ni estratificadas. Hay que agregar que los encuestados saben responder de forma políticamente correcta y no necesariamente con la verdad. Un experimento realizado por Antanas Mockus era preguntar: ¿usted cumple la ley por convicción o por temor al castigo? En casi todos los escenarios la mayoría contestó: por convicción; solamente en las cárceles contestaban: por temor al castigo. Si se pregunta: ¿usted evade impuestos?, con seguridad, la casi totalidad responden negativamente.

Existen técnicas, más costosas que una simple llamada telefónica, para obtener respuestas más confiables a preguntas incómodas. En estas, quien recibe la respuesta comprometedora no tiene forma de saber si la respuesta se dio por una decisión del azar o por ser verdadera. Esto le garantiza al encuestado que, aunque se filtre su respuesta, no se podrá deducir si evade impuestos, soborna a las autoridades de tránsito, etc. Un simple método es entregarle una moneda al encuestado y decirle: si sale cara, marque “sí evado impuestos”, y si sale sello, diga la verdad. El encuestador solo conoce la respuesta y no el lado en que cae la moneda. Con una simple metodología estadística se pueden obtener resultados confiables.

Puede pensarse que muchos afrodescendientes y latinos votaron por Trump, pero dijeron que lo harían por Biden, pues no era políticamente correcto decir lo contrario. Sabían que las políticas migratorias de Trump afectaban a sus coterráneos pero no a ellos, ya que reducían la competencia. Así, su voto fue por Trump, contra la solidaridad étnica o cultural, pero entendible como manifestación del individualismo.

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