Por: Michelle Arévalo Zuleta
La Michelada

Cuando me escapé al monte cerquita a Bogotá

Vivir en Bogotá es sinónimo de estrés, ansiedad y fatiga. Por eso, es común que busquemos lugares cerca al mar o la naturaleza para tener un poco paz; no en vano siempre he pensado que lo mejor de la ciudad es poder salir de ella de vez en cuando.

Pensar que a 45 minutos de Bogotá se encuentra un lugar que proporciona esa conexión con la naturaleza y que además lo hiciera de una manera diferente a todo lo que ya había probado antes pudo ser un poco ingenuo de mi parte. Sin embargo, no fue así. En el kilómetro 27, en la vía Bogotá-Guasca, encontré El Monte Teepee Hostel, un lugar con una propuesta de hospedaje inusual y única en Colombia, llena de diseño y detalles simples acordes con el paisaje rural en medio del monte.

El término Teepee significa “para vivir”, y es la vivienda nómada original de las tribus de las Grandes Praderas de Norte América. Tal vez sea la más útil, cómoda y bella de todas las viviendas portátiles que se han creado hasta hoy, y aquí en Colombia sólo las encontramos en El Monte Teepee.

Sobre una montaña en Guasca se encuentran cinco de estas tiendas cónicas que  fueron traídas de Oregón y están hechas de un material resistente al fuego y el agua, así que la única lluvia que nos debe importar es la de estrellas, que casi siempre se alcanza a ver en las noches. Con capacidad para tres personas, con una decoración rústica y acogedora, esta opción fue mi eleccioń para pasar un fin de semana, sin duda inolvidable.

Para llegar es muy fácil. Como a caballo no vamos pa'l monte, aquí podemos hacerlo en carro y hasta en Uber sólo con la ubicación del lugar. Yo elegí un puente festivo para cambiar mi conexion de wifi por mi conexión con la naturaleza. 

Eso sí, es importante reservar antes de ir, ya sea por medio de su página web o por teléfono, por eso debemos tener claro el tipo de alojamiento queremos. Además de los teepees, aquí podemos encontrar otro tipo de carpas tipo flor de loto llamadas Lotus Tent, con capacidad hasta para seis personas con precios desde $325.000 por pareja (e incluye desayuno), y por persona extra son $100.000. Cualquiera de estas dos opciones resultan muy cómodas y apropiadas para los que quieren experimentar una noche tranquila en medio de la montaña.

Los detalles en la decoración, no sólo de las tiendas, sino de las zonas comunes, nos dejan ver la mezcla entre lo retro y lo moderno que va a tono con el concepto del lugar. Entre cámaras antiguas y máquinas de escribir se asoman los árboles que son las paredes de este sitio. Todos estos detalles convierten este espacio en ideal para disfrutar de un gran fin de semana lejos del ruido de la ciudad, donde las llamadas que entran son las de la naturaleza invitándolo a disfrutar de ella.

Una vez llegas al lugar te encuentras con una gran bienvenida por parte de su dueño, Mateo Páez, un joven fotógrafo y empresario que encontró en Guasca no solo un modelo de negocio, sino una vida tranquila al servicio de las personas que llegan a diario a disfrutar de este espacio en medio de la naturaleza.

Después de que me mostraran el lugar, me instalé y decidí ir al comedor por recomendación de Mateo. Aquí me encontré con un menú bastante amplio donde no sólo tenían platos típicos de la región, sino una variedad de pizzas hechas en un horno de leña que salta a la vista cuando entras y que definitivamente hizo saltar a mis papilas gustativas al probarla. Sin embargo, fue inevitable que el olor a pan recién horneado no llamara mi atención, pero para mi sorpresa no era solo un pan lo que preparaban: el pan de Nutella de este lugar puede convertirse fácilmente en el postre favorito de muchos que, como yo, disfrutan de vez en cuando de un pecado sin remordimientos.

Cuando pensaba que la situación no podía mejorar, me acerqué a la barra del bar. Su nevera vintage y una estantería de cámaras antiguas me hicieron fijar la mirada en cada detalle. Una pizarra tenía escrito con tiza unos tragos recomendados, así que pensé en el mejor acompañante para la tarde y me dejé guiar por el bartender, quien me mostró una carta de cócteles de autor que sólo pueden ser posibles en este lugar. 

Al entrar había visto otro bar al aire libre, “El Venado de oro”. Caminé hasta ahí y disfruté de una fogata, bajo un gran techo de nubes. Además de plumas y craneos de venados, casi siempre hay otros huéspedes compartiendo, así que es imposible sentirse solo. Extranjeros, locales, gente de todas partes, unos con familia y perros; otros en pareja y otros, como yo, haciendo nuevos amigos. El ambiente es muy tranquilo, la música apenas se deja escuchar con el transcurrir de las horas, pero para ser sincera el paisaje alrededor es la mejor distracción, como si fuera sacado de un poema de William Wordsworth. Haber escapado de un bosque de cemento para internarme en uno real, pues, empezó a parecerse a un regreso al jardín edénico del que fuimos bíblicamente expulsados.

Para seguir la fiesta, el bar le permite trasnochar con el dueño al ritmo de buena música y una variedad de cócteles. Por el guayabo no me tuve que preocupar, pues al día siguiente el desayuno, que va desde granola  hasta caldo de costilla, logró que estuviera lista para explorar los alrededores.

Debo decir que lo más me llamó la atención de la comida fue el saber que todos los ingredientes son cultivados en la zona, lo cual pretende impulsar la agricultura local por parte del equipo del hostal, quienes además han empezado a reforestar con plantas nativas los alrededores del lugar para devolverle así un poco a esta pachamama que tanto nos ha dado.

Relajarme y disfrutar del placer y sosiego que produce la vista a un campo abierto, o  leyendo solo con los sonidos de la naturaleza de fondo, fueron sin duda de mis planes favoritos, pero los alrededores del hostal permiten también disfrutar de yoga, caminatas por senderos y hasta parapente.

Lo único que quizá pudo no ser tan perfecto fue el hecho de que los teepees y los lotus, por su estructura, no están aptos para tener baños dentro, por lo cual a unos cuantos pasos se encuentran  los baños y las duchas para los huéspedes de estas tiendas. Es necesario salir para atender el otro llamado de la naturaleza.

El Monte Teepee Hostel (ver su Instagram), además de hospedaje, nos da la opción de ir a pasar la tarde o celebrar algún evento con amigos y familia, nos permite llevarnos un poco del monte a la casa con sus productos de El Monte Provisiones, que van desde ruanas hasta joyería, pero más importante, nos regala la opción de poner  los pies en la tierra y la mirada en las estrellas. 

Amí me hizo estar de acuerdo con Wordsworth, quien afirmó alguna vez que las excursiones por la naturaleza constituían un antídoto para los males de la ciudad.

El Monte Teepe Hostel es un recomendado de La Michelada. 

La Michelada es un espacio semanal para explorar todos esos planes alternativos que hay escondidos en Colombia. Acompáñenme a experimentar cosas nuevas.

 

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