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Cuatro dificultades, un error y cinco logros. Carta abierta al presidente Gustavo Petro

Una escritora y profesora universitaria y su balance de los cuatro años de gobierno petrista.

Alejandra Jaramillo Morales * / Especial para El Espectador

07 de agosto de 2026 - 05:39 p. m.
El presidente Gustavo Petro en el Congreso. Dio su último discurso este 20 de julio.
Foto: Presidencia
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Bogotá, 6 de agosto de 2026

Querido presidente, Petro:

Le escribo por última vez durante estos cuatro años de su mandato. Me he dirigido varias veces a usted y no dejaré de hacerlo en el futuro. Esta vez quiero lamentar cuatro dificultades y un error esencial que encuentro en su gobierno, y agradecerle cinco logros que para mí fueron esenciales.

La primera dificultad con la que usted tuvo que enfrentarse estos cuatro años y que impidió que viéramos con claridad su desempeño y el de su equipo de gobierno fueron los medios de comunicación. Lo supo usted en los años posteriores a la Constitución del 91, usted mismo como congresista se opuso a la venta de los medios de comunicación a esos grandes conglomerados de las élites colombianas. Usted ya lo sabía, gobernar con los medios mayoritarios construyendo un discurso de odio hacia el gobierno era una batalla quijotesca. Usted la quiso librar. En primer lugar, decidió no utilizar los recursos públicos para contratar a esos medios de comunicación, que ha sido una manera histórica de lograr que no se vayan contra los diferentes gobiernos distritales o nacionales, y en segundo lugar, decidió hacer su propia manera de comunicación con su pueblo. Tal vez no era suficiente. Pero de alguna manera usted buscó cómo contrarrestar ese poder que las élites colombianas, después en los años 90 comprendieron a cabalidad: entendieron que había que dominar la narrativa que explica cómo se debe hacer las cosas, por qué se hacen de esa manera y contradecir toda iniciativa que proponga que se hagan de forma diferente.

La segunda dificultad ha sido la lucha precisamente contra la narrativa construida por los medios colombianos, pero también por una larguísima historia de lucha desproporcionada contra la izquierda en este país. Era pelear contra el terrible estigma inquebrantable del fantasma comunista. Pasaron cuatro años y en su gobierno no hubo expropiaciones, no hubo presos políticos, la economía funcionó perfectamente. Hubo elecciones de manera regular y usted trabajó con el Congreso y tuvo que aceptar las muchas veces que sus reformas no fueron aprobadas allí, usted como presidente cumplió su palabra de que en cuatro años saldría del gobierno y así lo está haciendo. Y sin embargo, el estigma sigue siendo tan fuerte que la gente que votó por un gobierno autoritario quiere achacarle a usted la figura del dictador que nunca existió y lo que es peor, querido presidente, que, pese a haber hecho un gobierno progresista, que de ninguna manera cumplió con los terrores que tenían los partidos de oposición, hemos vuelto a caer en el discurso internacional y nacional de estigmatización contra todo aquel que piensa distinto. Lamento ese estigma en primer lugar porque creo que las personas que siguen creyendo en el comunismo como salida están en todo su derecho, y en segundo lugar, porque el estigma impide ver que las políticas que usted ha encarnado no eran comunistas, eran progresistas y por tanto de centroizquierda.

Entonces lo grave, lo terrible que está sucediendo en el fin de su gobierno y el inicio de este nuevo gobierno es que se ha reinstalado el estigma, ese que su gobierno claramente puede contradecir, y que le ha costado miles de vidas a este país. Es muy doloroso saber que tanta gente en este país caiga en la reproducción de un estigma falso que pone en tremendo riesgo a todas las personas que piensan diferente, que creen en la justicia social, en la educación pública gratuita, en la reforma agraria, en la salud verdaderamente pública para un país como Colombia.

La tercera dificultad en su gobierno estuvo en el Congreso. No había manera de lograr políticas sociales contundentes mientras no hubiese una mayoría progresista en el poder legislativo. Lamentablemente usted no logró que todas sus reformas se aprobaran. Y sin embargo, aunque pensaban que usted iba a ser un presidente dictatorial, usted aceptó las decisiones del Congreso. No en silencio, mostrando donde estaban las contradicciones que los congresistas asumían cada vez que hundían cada reforma, haciendo visible las formas en que el poder funciona dentro del Congreso. Adicionalmente, y aunque causara tanto escozor, intentó convocar el poder constituyente como debería hacer cualquier persona que gobierne con un mandato, es decir con la promesa de unas reformas, que el Congreso no le deja cumplir. No logró aceptación y sabiamente tomó la decisión de desistir.

La cuarta dificultad que usted estaba enfrentando, y que, con el maniqueísmo de los medios de comunicación se tornó en un discurso falaz de pensar que su gobierno ha sido el más corrupto de la historia, era claramente la corrupción. Digo que es una dificultad porque ni usted, ni ningún presidente solo podría transformar de un día para otro una cultura honda y largamente corrupta. En Colombia se ha afianzado durante décadas, sino siglos, la construcción de su propia forma de corrupción. Usted tuvo que enfrentarse a esa dificultad estructural. Cuando muchas personas que apoyábamos su gobierno llamábamos la atención de que el problema era estructural, que venía de atrás, se pensaba que estábamos justificando la corrupción que podía estar sucediendo durante estos cuatro años. Jamás. Querido presidente, igual que usted yo creo que hay que investigar a fondo su gobierno para descubrir los corruptos y las corruptas de este gobierno y que paguen por haber continuado con esa forma de utilización de los recursos públicos. No estábamos justificando. Lo que sí queríamos es que los medios de comunicación no se dedicaran a tratar de mostrar la corrupción como un problema de este gobierno. Es la forma estructural en la que se ha movido el país. En los últimos meses leí un libro que para mí ha sido una gran revelación, se titula ¿Quién manda en Colombia?, seguramente usted también lo conocerá. Es un libro que nos muestra cómo ha funcionado la corrupción y las élites desde el año 1991. El libro muestra cómo las élites colombianas descubrieron la manera de exprimir el estado colombiano en varias direcciones. No solamente las élites tienen el dominio de las grandes empresas y de toda la producción económica colombiana, también tienen los medios de comunicación, capaces de crear la narrativa que quieran a su gusto, han utilizado las universidades de élite para crear el andamiaje de pensamiento que les permita imponer políticas neoliberales en perjuicio de las grandes mayorías, convenciéndolas de que era lo mejor, pero adicionalmente, y ahí es donde había una batalla tremenda contra la corrupción, crearon todas las empresas que iban a tercerizar los servicios, lo que ellos llaman servicios y que en realidad son los derechos de la gente. Tercerizar la educación, la salud, todo lo que el Estado debe ofrecer como derechos para la población colombiana. Y ahí, señor presidente, es donde yo veo uno de sus más grandes errores, el que quiero mencionar acá. Su gran dificultad de trabajar en equipo para construir una estrategia común contra esas formas de dominación que han derivado en la más vulgar corrupción y aprovechamiento de los recursos públicos para intereses individuales.

Su error no solo estuvo en que su reacción ante la corrupción, en muchos casos, no fue la que esperábamos porque pareciera que permitía que las personas que la ejecutaban pudieran seguir haciéndolo, aunque en otros casos fue claramente decidido en sacar a las personas. Su error mayor radicó, según mi lectura, en que estaba enfrentando gigantes y no asumió que solo un equipo sólido y unido podía contrarrestarlos. La corrupción en Colombia es la regla del comportamiento en la gestión pública y usted no quiso trabajarla a fondo, hacia adentro de la institucionalidad. Dejó a sus ministros y ministras defendiéndose solos de esos conglomerados tan poderosos. Yo se lo dije antes de que ganara las elecciones y se lo repetí hace unos meses en artículos que escribí acá en El Espectador. Era fundamental hacer el trabajo de reorganización institucional, modernizar en una vía que retornara los recursos de los derechos para llegar a la gente y saltar la tercerización creada en las últimas décadas para enriquecer clases medias altas y altas con los recursos públicos. Usted lo sabía muy bien y lo intentó, pero no en un trabajo sistemático hacia adentro.

Lamentablemente usted no ha dado muestras de ser una persona con mucha habilidad para manejar equipos. Su equipo de gobierno, con el que acertadamente decidió televisar sus consejos de ministros, no tuvo, a mi manera de ver, el líder que cohesionara lo suficiente. No era solamente buscar la manera de saltarse esa terciarización para llegar directamente a la gente y entregar los servicios como derechos. Era repensarse las instituciones, querido presidente, y creo que, por otros afanes, descuidó el trabajo en equipo que habría hecho esa gran transformación institucional que Colombia necesitaba. Quizás así habría logrado mayor control sobre la corrupción. No bastaba con su discurso señor presidente, era un trabajo articulado con todas las instituciones de su gobierno y la gente maravillosa, en su mayoría, que trabajó con usted.

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Ahora quiero agradecerle cinco logros que para mí han sido fundamentales, querido presidente. Yo sé que hubo muchos más, yo sé que ha habido muchos escándalos y que mucha gente cree que no hay logros, yo estoy segura de que hubo muchos porque conocí muchas personas que trabajaban en este gobierno, en diversas instituciones y vi los proyectos tan importantes que estaban desarrollando.

El primer logro que yo quiero resaltar, y agradecerle profundamente es que usted haya roto el silencio de los presidentes para develar cómo funciona el poder. Uno de los pactos históricos en Colombia es que cada presidente que llegaba al poder debía aceptar las instituciones, tal y como funcionaban, coloquialmente “hacerse pasito”, para que las mayorías no entendieran las formas en que el poder las subyugaban. Gracias, porque usted, sin cerrar ninguna institución, sin ponerse a las instituciones, sí nos mostró cómo funcionan. La ciudadanía colombiana necesitaba entender cómo la élite la ha gobernado y usted nos mostró todo ello para que logremos un día buscar unas nuevas formas de gobierno que nos saquen del hoyo en que seguramente seguiremos cayendo.

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El segundo logro que le agradezco, querido presidente, fue haber recorrido este país, como usted lo recorrió. Haberse sentado en la mesa de las personas en general, haber viajado por los rincones donde nunca antes había ido ningún presidente. Porque si hubo algo que me hizo feliz estos años era cada vez que se decía “nunca antes un presidente se había vestido así”, “nunca antes un presidente había comido tal cosa”, “nunca antes un presidente había hablado de sexo”, “nunca antes un presidente había hecho tal y tal cosa” porque me mostraba que usted estaba asumiendo su diferencia. Porque estaba aceptando no silenciarse para que lo protegieran como presidente. Porque esa ha sido la historia en este país. Los expresidentes protegen al presidente en funciones de los medios de comunicación para lograr de él silencio sobre el orden del poder. A usted no lo protegieron los poderosos, querido presidente, pero gracias a eso nos pudo mostrar cómo funcionan las instituciones y cómo la exclusión y cómo los negocios de quienes han gobernado este país.

El tercer logro que yo quiero agradecerle, querido presidente es habernos representado internacionalmente de una manera soberana, haber promovido la paz, haber promovido el cuidado del ambiente. Por primera vez durante cuatro años, sentí que mi país estaba firmando los acuerdos que había que firmar históricamente. Seguramente tendré que volver a vivir la vergüenza permanente de ser colombiana, por los acuerdos de los que se retirará este gobierno y los nuevos que suscribirá, pero usted presidente Petro en su gobierno, me devolvió algo de dignidad en ser colombiana. Con usted me sentí representada.

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El cuarto logro, que yo quiero resaltar, es el reconocimiento que usted y su gobierno le dieron a las universidades públicas como universidades del Estado. Yo llevo 22 años siendo profesora de la Universidad Nacional de Colombia y solo hasta su gobierno recuperamos el lugar que la universidad ha debido tener siempre. Ser la universidad del Estado. No la enemiga, como la han asumido muchos gobiernos y por eso han tratado de quitarle los recursos, de no permitir que haya más profesores o profesoras. Ustedes asumieron las universidades públicas como colaboradoras en las políticas públicas, lograron que llegaran miles de estudiantes nuevos al sistema público y aumentaron el profesorado. Debemos recordar que la Universidad Nacional desde 1989 no había ampliado su planta profesoral, y fue este gobierno el que logró ampliar la planta de manera que vamos a tener programas propios en las sedes de frontera de la Universidad Nacional. Trabajamos de la mano con ustedes estos cuatro años y yo eso realmente se lo agradezco, porque un país que no logra el acuerdo social de la educación pública es un país llamado a la ruina y con este gobierno por lo menos dimos algunos pasos en la justicia que significa la educación pública.

El quinto logro que yo quiero resaltar, querido presidente, es el trabajo que se hizo para proteger a las comunidades indígenas, afro y campesinas. Le agradezco a usted y a los equipos que trabajaron en estos temas porque entender la diferencia de cómo quieren vivir las comunidades y los diferentes pueblos y reconocer en ello dignidad era un imperativo que ustedes asumieron como mandato. Todas las personas de Colombia tenemos derechos y todas podemos construir formas diferentes de aproximarnos a la propiedad, a la educación, a la vida. Estos cuatro años pudimos ver la Constitución del 1991 utilizándose a fondo para garantizar derechos antes siempre olvidados.

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Espero encontrar muchos académicos y académicas que quieran trabajar en seguir evaluando las políticas de su gobierno, en que podamos mirar en frío lo que se hizo y no se hizo durante estos años para poner en orden lo que en este momento es una gran nube de mentiras, escándalos y errores. Por mi parte, como mujer, como madre, como escritora, como feminista y como una mujer que encuentra el sentido de la vida en luchar por los derechos de todas las personas le digo gracias, muchas gracias, compañero Petro.

* Alejandra Jaramillo Morales es una escritora bogotana, autora de las novelas La ciudad sitiada (2006), Acaso la muerte (2010), Magnolias para una infiel (2017), Mandala (2017), un proyecto de escritura digital, y Las lectoras del quijote (2022), su primera incursión en la novela histórica. Publicó los libros de cuentos Variaciones sobre un tema inasible (2009), Sin remitente (2012) y Las grietas (2017), ganador del Concurso Nacional de la Cámara de Comercio de Medellín y nominado al Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez 2018. Escribe novelas para adolescentes (sello Loqueleo): Martina y la carta del monje Yukio (2015), El canto del manatí (2019) y Los mundos distópicos de Camilo Chang (2022). Entre sus libros de crítica están Nación y melancolía: narrativas de la violencia en Colombia (2006) y Disidencias, ensayos para una arqueología del conocimiento en la literatura latinoamericana del siglo XX (2013).

Por Alejandra Jaramillo Morales * / Especial para El Espectador

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