Publicidad

Cuatro dilemas con la reducción de la jornada laboral

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Daniel Mera Villamizar
21 de diciembre de 2020 - 03:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Entre política y economía, lo coyuntural y lo estructural, incluidos y excluidos, y empresa malvada y empresa fraterna.

Para ir de lo más general a lo más concreto, el primer dilema es si privilegiar la política o la economía en la actividad política.

Lo normal es que la izquierda privilegie la política y la derecha, la economía, porque la primera suele buscar un cambio en el régimen económico y la segunda, proteger o conservar la economía frente a experimentos potencialmente desastrosos.

El equilibrio no es fácil. Si un partido privilegia en exceso la economía, le pueden ganar la política (las elecciones, el poder político) y por ahí derecho el manejo de la economía. Si se privilegia en exceso la política, puede no ganar las elecciones porque las bases sociales de la economía operante evitan el riesgo.

El expresidente Uribe sugiere que la reducción de la jornada laboral sin disminución de salario es una medida política para prevenir una fractura social que lleve al despeñadero a la economía. Es decir, está privilegiando la política sobre la economía para salvar del riesgo político a la economía. Así está resolviendo Uribe el dilema político mayor.

El segundo dilema es si en la política domina lo coyuntural o lo estructural, el corto plazo o el largo plazo. Tampoco es fácil el equilibrio. Un partido que se dedique a lo estructural de largo plazo puede condenarse a ver cómo los “coyunturalistas” ganan las elecciones. Y aunque depende del programa del partido, privilegiar en exceso el corto plazo puede debilitar su rol en la sociedad como gestor y estructurador de futuro, que es tal vez lo más importante.

El expresidente Uribe definió su horizonte mediante el “ojo con el 2022”, que es el corto plazo. Una reforma laboral estructural no se ajusta a este horizonte y no es políticamente viable. Lo que sirve son propuestas que ganen el favor popular y marquen agenda.

El razonamiento de “ganando en el 2022 se podrá organizar el largo plazo” es difícil de discutir, especialmente si en un país existe poca imaginación para la política como el arte y la ciencia de construir día a día el futuro planeado, cosa que ciertamente es menos difícil en la China.

Esta decisión de Álvaro Uribe por el corto plazo toma forma en una propuesta que implica resolver otros dos dilemas: uno referido a la gestión de los incluidos y los excluidos del sistema y otro, al rol de la institución empresa con ánimo de lucro en la sociedad.

Si los trabajadores informales son más o menos la misma cantidad que los trabajadores formales (entre 5 y 6 millones), ¿por qué se cree que es políticamente más rentable beneficiar a los que están en el mercado de trabajo formal, incluso con perjuicio de los trabajadores informales? Ni nuestros partidos, ni la ciencia política y la sociología electoral del país tienen la suficiente data y análisis para responder bien esta cuestión.

Lo que sí sabemos es que los incluidos en el sistema tienen representación y capacidad superiores para defender sus intereses, en comparación con los excluidos. “Políticamente viable” se refiere, sobre todo, a las reacciones de los incluidos. Los trabajadores informales, los excluidos, viven una serie de vulnerabilidades que no están bien ni para la equidad social ni para la productividad laboral, pero cuadran mal en la ecuación política.

Si un partido se concentra en los excluidos, difícilmente ganará, y si lo hace en los incluidos, contribuye al riesgo de que los excluidos pateen la mesa. Se dirá que para los excluidos está ingreso solidario y otras promesas de dinero de los contribuyentes, pero eso no es inclusión productiva y remite a la discusión sobre el tipo de sociedad y economía que queremos.

La reducción de la jornada laboral en este momento económico toma claramente partido en el dilema incluidos/excluidos y también en el de si la empresa en sí misma es un instrumento de política social o redistributiva o no. La “economía fraterna” tiende a creer que sí, imponiendo cargas que no pueden soportar las empresas pequeñas, lo que conduce a la informalidad con las malas consecuencias ya sabidas.

El mejor papel del Estado es facilitar que a las empresas les vaya bien, respetando los derechos de los trabajadores y las obligaciones medioambientales, y luego cobrarles impuestos. Ponerles cargas y trabas que dificulten que les vaya bien frena la creación de riqueza, especialmente de los nuevos y pequeños en el juego legal y formal.

No estamos obligados a escoger entre las nociones de empresario como un ser malvado por naturaleza que busca explotar a los trabajadores y de empresario como benefactor fraterno que debe pagar a los trabajadores lo que no puede, pero ese es el dilema que se ha planteado. Una forma de resolver este problema cultural e ideológico es imaginar que cualquier colombiano puede ser empresario, ya no tan malvado ni tan benefactor.

Las empresas reciben del entorno incentivos fuertes para ser responsables social y ambientalmente, para lo que ayuda enormemente la formalización, y si bien esto no acaba la necesidad del debate sobre el tipo de capitalismo colombiano, sí es bastante mejor que elevar los costos salariales y no salariales por algo parecido a política social o cristiana.

Las opciones que ha tomado el expresidente Uribe en este tema laboral son consistentes entre sí y nos recuerdan que su liderazgo ideológico y programático se ha convertido en un dilema para la centroderecha colombiana.

@DanielMeraV

Conoce más

Temas recomendados:

 

Arturo(82083)21 de diciembre de 2020 - 11:47 p. m.
El columnista se dedica a pintar en blanco y negro inventando 4 dilemas para mostrar que la reducción de la jornada laboral propuesta por el Patrón del CD persigue un objetivo político de corto plazo (ojo al 22)-lo cual es cierto-pero en el largo plazo es contraproducente políticamente porque afecta a los excluidos y económicamente porque afecta a las empresas pequeñas y conduce a la informalidad
  • Arturo(82083)22 de diciembre de 2020 - 12:09 a. m.
    Esto también es cierto si como propone el CD se hace la reducción de la jornada sin reducción salarial. Quien escribe preparó una propuesta que contempla una reducción salarial parcial directamente proporcional al nivel salarial, de tal manera que todos los actores: empleados, empresas y gobierno participan con equidad en los costos y razonablemente en los beneficios de la reducción de la jornada
Arturo(82083)21 de diciembre de 2020 - 11:41 p. m.
Primer dilema: no simplificar el ejercicio de gobierno o partido como un juego de dominó, decidiendo si poner la ficha con el 0 o con el 6, sino como un sofisticado proceso químico para producir una medicina, que requiere una dosis adecuada de política, economía y otras variables. Para esto se requieren gobiernos y partidos idóneos, fruta escasa en el platanal
Arturo(82083)21 de diciembre de 2020 - 11:36 p. m.
Segundo dilema: La política de un gobierno o partido serio debe considerar el tiempo como una variable continua con efectos a corto, mediano y largo plazo, ajustando las prioridades del primero a la dinámica de los imprevistos. Solo un gobierno o partido mediocre se plantea dicho dilema y generalmente opta por el corto plazo.
Arturo(82083)21 de diciembre de 2020 - 11:35 p. m.
Tercer dilema: gestión a favor de los incluidos o los excluidos. Dilema infundado Es inconcebible una gestión política que se concentre solamente en los unos o en los otros. Un programa de gobierno o de partido debe incluir acciones que favorezcan a unos, y acciones que favorezcan a los otros, para que al final todos estén mejor. No confundir 5-6millones de informales con 20 millones de excluidos
Arturo(82083)21 de diciembre de 2020 - 11:22 p. m.
Cuarto dilema: el rol de la empresa con ánimo de lucro. El dilema político no debe ser extinguirla (comunismo) o darle libertad casi absoluta (neoliberalismo). La respuesta es: ánimo de lucro con libertad regulada y responsabilidad social. El columnista se decanta claramente por el neoliberalismo, porque afirma: ”El mejor papel del Estado es facilitar que a las empresas les vaya bien” Falso.
  • Arturo(82083)21 de diciembre de 2020 - 11:23 p. m.
    El mejor papel del Estado es facilitar que a las empresas, los trabajadores y el país - a todos - les vaya bien. Que a las empresas les vaya bien no garantiza que a los demás también les vaya bien.
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.