Por: Humberto de la Calle

Cuba ha apoyado la paz

En la década de los 90, el propio Fidel Castro, en su libro La paz en Colombia, aconsejó a la guerrilla dejar de lado la violencia. Desde hace tiempo Cuba no ha promovido sublevaciones en nuestro suelo y, en cambio, no ha ahorrado esfuerzos para ayudar en la terminación del conflicto. Por eso, es lamentable que el Departamento de Estado de EE. UU. acuse a Cuba de no “apoyar los esfuerzos de Colombia para asegurar una paz” duradera. Solo una administración en manos del señor Trump, tan amigo de los “hechos alternativos”, se hubiese atrevido a tergiversar la evidencia de manera tan abultada. Durante las conversaciones de La Habana la actitud de Cuba fue impecable. Neutralidad y apoyo sin desmayo.

Los protocolos suscritos para los miembros del Eln obedecen a una práctica milenaria sin la cual se harían imposibles las conversaciones entre antagonistas armados. El acto del Eln contra la Escuela de Cadetes es repugnante, pero la actitud de Cuba de honrar el compromiso adquirido con el Estado colombiano ni significa apoyo a la barbarie ni fomento del terrorismo. Uno mi voz a quienes lamentan esta actitud de Estados Unidos, pero con más fuerza critican la intervención del doctor Miguel Ceballos aplaudiendo y cobrando un apoyo que no engrandece nuestra política exterior y que puede tener efectos funestos no solo para cualquier salida con el Eln, sino frente a las propias Farc. Su partido se retiró de la CSIVI (Comsión de Seguimiento, Impulso y Verificación de la Implementación del Acuerdo de Paz). Esa no es una buena noticia ni siquiera para los enemigos del Acuerdo.

Pero para que no sea solo un lamento, acudo a la comunicación del 20 de septiembre de 2012, por medio de la cual nada menos que el Reino de Noruega suscribe un protocolo para garantizar la presencia y regreso de la delegación de las Farc en Oslo. El caso es igual. Dice textualmente que “Noruega no ejercerá su jurisdicción penal, ni extraditará” a los miembros de la delegación por actos cometidos en Colombia. Y más aún: “El salvoconducto para las negociaciones, que se hace en concordancia con la ley internacional y la práctica de Naciones Unidas, no implica una amnistía ni impunidad” por los graves crímenes cometidos. Su cobertura está estrictamente limitada a la seguridad y regreso de los miembros. Si algo faltara, dice que el protocolo “es un acuerdo (arrangement) bilateral entre Colombia y Noruega el cual, conjuntamente con la respuesta de Colombia, “constituye un intercambio de notas vinculante”. Este documento no es una pilatuna castrochavista. Proviene de un país muy serio y tiene fundamentos sólidos.

Es inaudito que se acuse a Cuba simplemente por honrar la palabra empeñada con el Gobierno de Colombia. La afirmación de que eso fue suscrito “con otro gobierno” carece de toda validez internacional. A ver si mañana decimos que el TLC fue también “de otro gobierno”. Vivir para ver.

Entre tanto, Estados Unidos firma con los talibanes, enredados en graves crímenes y en cultivos ilícitos. Promueve un acuerdo para “compartir el poder entre estos y el gobierno afgano”, ofrece protección militar a las partes durante las negociaciones y (¡cáspita!) se monta en Qatar una CSIVI entre talibanes y gringos.

No es un caso de doble moral. Es de triple moral. Noruega, Cuba, talibanes. Bueno, el protocolo con el Eln también lo firmaron Chile y Venezuela.

Coda. ¿O será que esta es una medida preelectoral para afianzar el apoyo de los exiliados cubanos a Trump?

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2020-05-16T15:30:29-05:00

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