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Un recorrido extenso y pasado por el Eje Cafetero bastó para que el antropólogo y director de la Corporación Oficina de Resiliencia de Medellín, Santiago Uribe Rocha, descubriera una realidad: en muchas de las casas de pueblos y veredas, en muchos de esos apartamentos de ciudad, el abuso sexual y la violencia son parte de la vida, se repiten en silencio.

Un ejemplo visto fueron los abusos sexuales a niñas y niños por parte de familiares. También, las relaciones establecidas por policías o soldados con mujeres de esos pueblos y veredas bajo el influjo de su poder.

Al respecto afirma que esas situaciones y problemas mentales se prolongan por tendencias de sociedades como la antioqueña que no aceptan las críticas o reconocen sus problemas: “La sexualidad todavía es un tabú y muchos aún ven a las mujeres como un objeto”.

De acuerdo con cifras del Observatorio de Asuntos de Mujer y Género de la Gobernación de Antioquia, en el primer semestre del 2020, la Policía Nacional registró 1.765 casos de delitos sexuales en el departamento y de esos el 83 % fueron cometidos contra mujeres.

De los presuntos delitos sexuales contra ellas que se registraron en este primer semestre del 2020, 624 fueron a niñas y adolescentes menores de 18 años. El 45,7 % del total de casos reportados se cometieron con niñas entre los 6 y 11 años. Y tal vez lo más impresionante: hubo 89 casos de delitos sexuales contra niñas entre los 0 y 4 años de edad. Asimismo, en el 2019 desaparecieron 184 mujeres en Antioquia y, de ellas, 77 son menores de 18 años.

Natalia Velásquez, secretaria de la Mujer de Antioquia, trabaja con mujeres en cada alcaldía del departamento para cambiar esa realidad. A esto se suma la línea 123 que apoya a quienes denuncian, preguntan o piden ayuda. También se han creado hogares de protección que reciben a mujeres víctimas de la violencia.

Sumado a esto, trabaja con la Secretaría de Participación Ciudadana en el programa Masculinidades Alternativas, que invita a los hombres a pensar nuevamente en los roles tradicionales. “Los hace sentir capaces de cuidar a los hijos e hijas (sin que eso vuelva más frágil su condición) y entender que esto aporta a una sociedad más equitativa”. La jueza y experta en asuntos de género Ruth Bader Ginsburg lo dijo: “Las mujeres solo tendrán igualdad verdadera cuando los hombres compartan con ellas la responsabilidad de criar a la próxima generación”.

Sobre acciones para cambiar estas historias de abusos y violencia hacia las mujeres, Marta Gutiérrez, psicóloga, magíster en educación y jefe de posgrados de psicología de la Universidad CES, menciona las enseñanzas de Amartya Sen y Martha Nussbaum, quienes definen el desarrollo como la capacidad que tienen las personas de vivir la vida que consideran valiosa. Explica que esta teoría se llama perspectiva de las capacidades y consiste en que cada persona pueda reconocer lo que quiere, buscar la vida que considera digna, buena y valiosa. Esto guarda relación con el concepto de libertad de agencia y que consiste en que cada uno pueda gestionar su vida y aportar a lo querido.

En este sentido, opina que “la educación de las niñas debe estar encaminada a que desarrollen sus capacidades para formarse, amar, producir lo que deseen y vivir esa vida que consideren buena”. Y agrega: “Martha Nussbaum escribió un libro llamado Las mujeres y el desarrollo humano donde dice que en las sociedades nuestras ellas carecen de lo esencial para el desarrollo de una vida plena: están peor alimentadas que los hombres, tienen un nivel inferior de salud, son más vulnerables a la violencia física y sexual, su acceso al mercado laboral es más complicado y no tienen los mismos derechos y libertades de los hombres”. En estos tiempos en los que el mundo hace aún más vulnerables a quienes ya lo eran, es importante recordar que cuidarse y cuidar a otros va mucho más allá que un tarro de gel y un cubrebocas.

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